Años atrás, participando en una ceremonia de ordenación pastoral, el pastor que oficiaba la ceremonia enfatizó el hecho de que el ministerio pastoral tenía por objetivo formar a Cristo en el corazón de las personas, y tiene razón. El mismo apóstol Pablo estaría de acuerdo con dicha declaración (Ga 4:19). Si bien la tarea principal en el ministerio pastoral es predicar la Palabra (Hch 6:1-7; 2 Tim 4:1-2), la Palabra es proclamada con el objetivo de que la iglesia crezca en la semejanza a Cristo (Ef 4:12-13), y todos quienes componemos la iglesia local debiésemos ser parte de esta labor, todos. No todos tendremos las mismas funciones o prioridades, pero todos debemos trabajar en conjunto para avanzar, como iglesia, en la semejanza a Cristo.

El trabajo de los pastores o líderes

Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en Cristo Jesús. Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

2 Tim 2:1-2

A diferencia de lo que muchos piensan, el pastor no es el que «hace todo», sino que los pastores o líderes de la iglesia deben servir, principalmente, en la proclamación de la Palabra de Dios y en formar a través de la enseñanza varones idóneos que puedan asumir la tarea de liderazgo y enseñanza. No es que no atiendan o consideren a los demás hermanos o asuntos, pero su prioridad debe ser esta (Hch 6:2; Ti 1:5). Si la iglesia local en la que estás tiene el privilegio de contar con más de un pastor o líder, entonces el trabajo puede ser mejor distribuido con el mismo objetivo, formar a otros a la semejanza de Cristo. El descuido en esta área ha generado precisamente una escasez tremenda de líderes bíblicos en las iglesias y un agotamiento excesivo de los pastores, y en dicho descuido la congregación también tiene responsabilidad al no cumplir con lo que le corresponde hacer, sobrecargando a su pastor o esperando que él haga todo solo.

El trabajo de la congregación

… sino servíos por amor los unos a los otros.

Gálatas 5:13

La Biblia es clara en las relaciones de edificación que los miembros de la iglesia deben sostener entre sí con el propósito de crecer en la semejanza a Cristo. Estas relaciones son mayoritariamente registradas en el Nuevo Testamento por medio de la expresión «unos a otros»:

  • Estad en paz los unos con otros (Mr 9:50)
  • Servíos en humildad unos a otros (Juan 13:14)
  • Fortaleceos unos a otros (Ro 1:12)
  • Amonestaos unos a otros (Ro 15:14)
  • Llevad las cargas los unos de los otros (Ga 6:12)
  • Soportaos y perdonaos unos a otros (Col 3:13)
  • Amaos unos a otros (Juan 13:34)

Todo miembro de la congregación puede ver siempre su relacionamiento con otro hermano como una oportunidad de servicio. No debiera ser parte de la cultura de la iglesia local, que los miembros asistan simplemente a escuchar de la Palabra de Dios el domingo, y pensar que si un hermano tiene algún problema o necesidad entonces el pastor debe atenderlo. Muchos piensan que servir se limita a tener un quehacer o participación pública en las reuniones dominicales, pero cada vez que te encuentras con un hermano tienes un ministerio para realizar, tienes una oportunidad de servicio. ¿Ves a alguien solo? Pregúntale cómo está y acompáñalo; ¿Sabes de alguien en necesidad económica? Sé generoso con él; ¿Observas que alguien tiene inquietudes sobre lo que se enseñó pero el pastor no puede atenderle? Ayúdale. ¿Te enteraste de que alguien está enfermo? Llámalo o visítalo; ¿Te limitas en tu relación con algún hermano o hermana porque se equivocó contigo o te falló? Perdónalo y ora por él. Todo lo anterior es consistente con vivir como Cristo vivió siendo de ejemplo a nuestros hermanos. Dios quiere que te relaciones con tu hermano para edificarlo y te ha capacitado para hacerlo (1 Pe 4:10), y si comienzas a hacerlo, podrás ver como también tú eres edificado a la semejanza de Cristo.

El trabajo de todos

Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo

Mat 28:19-20

La gran comisión es trabajo de todos, no sólo de los pastores o líderes de las iglesias. Pastores y miembros son responsables de proclamar el evangelio al perdido. Pastores y miembros son responsables de hacer discípulos. La misión de la iglesia, y de toda la iglesia, es hacer discípulos a la imagen de Cristo, y cada creyente, tiene responsabilidad en ello. La proclamación de la Palabra de Dios y el servicio mutuo son claves para edificar a los creyentes y alcanzar al perdido con el propósito de que todos lleguemos a la semejanza de Cristo, el Hijo de Dios. Cumple tu papel en ello, y haciéndolo permitirás que tus pastores y líderes puedan cumplir mejor el suyo. El resultado será que Cristo edificará su iglesia y será glorificado.

Dios te bendiga

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