El mundo cristiano celebra Semana Santa con los ojos puestos en el evento histórico que cambió nuestras vidas, la resurrección de Cristo. La resurrección de Cristo no debe dejar indiferente a ninguno que se llame discípulo de Cristo, es más, de este evento histórico depende nuestra fe (1 Co 15:14). Por lo tanto, meditar en la resurrección de Cristo y las implicancias que ésta tiene para nuestras vidas siempre será algo renovador.

El día de hoy, a través del ejemplo del apóstol Pablo, quisiera que meditásemos particularmente en el poder de la resurrección de Cristo y cómo este poder afecta el propósito de nuestras vidas. Escribiendo a los filipenses, Pablo dijo:

Y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos.

Fil 3:10-11 (LBLA)

Previo a estos versículos, Pablo viene hablando de que por amor a Cristo, está dispuesto a perderlo todo y tenerlo por basura (Fil 3:7-8) con el propósito de conocer a Cristo. El conocer a Cristo para Pablo tiene un alcance eterno, y esto es gracias al poder de la resurrección, poder que también es suministrado a nosotros para conocerle a Él. Quisiera invitarles a meditar en dos cosas al respecto, manteniendo Fil 3:10-11 en nuestras mentes:

1. La resurrección de Cristo suministra poder para conocer a Cristo en esta vida

Y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte.

Para Pablo, conocer a Cristo en esta vida considera experimentar el poder de la resurrección. Sin el poder de la resurrección de Cristo en Pablo, Pablo no podría disfrutar de una nueva vida en Cristo. Es una nueva creación, y como nueva criatura, el poder de la resurrección opera en él, de tal forma, que ha renunciado a todo lo que el mundo ofrece, o dicho de otra manera, tiene por basura todo aquello en lo que el mundo confía, con el propósito de conocer a Cristo. Sólo un poder sobrenatural puede hacer esto en una persona. Sólo un poder sobrenatural puede hacer que un muerto viva cambiando sus más íntimos anhelos y deseos. La nueva vida operante en Pablo ha cambiado su propósito de vida e incluso le ha llevado a una búsqueda tal de la semejanza a Cristo, que la participación o comunión con los padecimientos de Cristo también forman parte de los anhelos del apóstol. Padecer por amor a Dios y al prójimo también es parte de la agenda de Pablo, aún si esto le lleva a la muerte, pues Cristo no sólo padeció, sino que murió por él. El poder de la resurrección en Pablo le da una nueva vida en Cristo, pero también lo capacita para vivir la vida de Cristo, haciendo que los anhelos y deseos de Cristo sean su propios anhelos y deseos (Fil 1:21). El apóstol habla de un deseo de conocimiento tan íntimo de su Salvador, que invierte su vida en ello sin importar el costo. Sabe que se le ha suministrado un poder sobrenatural para vivir de esta manera y no piensa desperdiciarlo.

2. La resurrección de Cristo suministra poder para seguir conociendo a Cristo en la vida venidera

A fin de llegar a la resurrección de entre los muertos.

Por si fuera poco todo lo anterior, Pablo no sólo quiere invertir su vida presente en conocer a Cristo, experimentando el poder de la resurrección que le permite identificarse con sus sufrimientos y muerte, sino que también tiene por esperanza, viviendo de esta manera, llegar a la resurrección de los muertos para disfrutar en la vida venidera del privilegio de estar con Cristo y continuar conociéndole. Sólo el poder de la resurrección de Cristo puede hacer esto, poniendo certeza en el corazón del apóstol de que transita por esta vida de manera temporal pero que podrá eternamente disfrutar de Cristo gracias a la resurrección de los muertos. La mente puesta en la eternidad le dio la perspectiva correcta a Pablo de cómo invertir su vida, desechando lo terrenal y declarando como razón:

Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a sí mismo.

Fil 3:20-21 (LBLA)

Conclusión

El poder de la resurrección de Cristo operó en Pablo, dándole una nueva vida y un nuevo propósito al momento de creer en Cristo, cambiando sus anhelos y deseos. Su deleite estaba en conocer a su Salvador. Pero también tenía la esperanza de que el poder de la resurrección operaría en él cuando Cristo regresara, dándole un nuevo cuerpo para disfrutar eternamente de las bendiciones celestiales, y del privilegio de continuar conociéndole. El mismo poder que operó en Pablo, opera en nosotros, si has creído en Cristo, ¡opera en ti! La pregunta es si podemos decir como Pablo dijo:

Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo.

Fil 3:8 (LBLA)

Se te ha suministrado el poder para desear a Cristo por sobre todo lo demás, no lo desperdicies. El objeto de este deseo es tan glorioso y supremo, que nada puede comparársele. Invierte tu peregrinaje por este mundo en conocer a Cristo, en vivir a Cristo, y haciéndolo, aunque padezcas, incluso aunque mueras, querrás seguir conociéndole. El deseo supremo de conocer a Cristo es un deseo que requerirá la eternidad para ser satisfecho, y el poder que suministra la resurrección lo hace posible, pues es el poder de Dios obrando en ti, no lo desperdicies.

Me despido recordando uno de los versos del antiguo himno de Robert Lowery que refleja mi sentir al considerar todo esto: Gloria a Dios, Gloria a Dios, el Señor resucitó. Amén.

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Un comentario

  1. El poder de Dios a través de la resurrección de Su amado Hijo, nuestro Señor, se manifieste en nosotros día a día, para gloria de Su nombre.

    «Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros»
    2 Corintios 13:4

    Un abrazo amado hermano, el Señor siga haciendo su obra perfecta en tu vida.

    Sebastián Espinosa

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