Anímate a alabar a Dios

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Anímate a alabar a Dios

Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.

Así comienza el conocido salmo 103, con un intenso diálogo entre el salmista y su ser, en donde David ─animándose a sí mismo─ ordena a su alma a bendecir (alabar) a Dios.

Me temo que no muchas veces dialogamos con nosotros mismos. Nuestra tendencia es a hablar con otros, y cuando rara vez nos topamos con alguien que lo hace, casi de forma natural pensamos o expresamos algo así como: ¿Qué le pasa a esta persona?, ¡Está loca!
Para David la auto confrontación mediante el diálogo consigo mismo era algo común, necesario, y en extremo útil, pues siempre le llevó a contemplar y alabar a Dios.

Este breve artículo persigue el objetivo de que, Dios mediante su gracia, te anime a tener el mismo diálogo que tuvo David ─¡y sí!, contigo mismo.

Para lograrlo, quiero animarte a meditar en tres cosas que los dos primeros versos de este salmo enseñan en cuanto a la alabanza a Dios.

1. Necesitas animarte a hacerlo

El salmo inicia con el imperativo bendecid (bendice alma mía). En el idioma hebreo cuando este verbo es utilizado en cuanto a Dios quiere decir alabanza o adoración, de allí que otras traducciones de la Biblia lo plasmen así. La idea va estrictamente ligada a la de «doblar rodillas en reverencia» (cf. Sl 95:6). David se da la orden de alabar a Dios, y no de cualquier forma. El texto hebreo señala que el verbo bendecir está en una estructura que indica intensidad en el actuar. Casi como si dijera, desgástate, esfuérzate en bendecir, bendice con vehemencia, con todo lo que tienes a Dios. Por eso añade: y todo mi ser (Lit. todo mi interior) su santo nombre. Debemos recordar que damos órdenes porque necesitamos que algo que no se hace por sí solo se haga. Si se hiciera de manera natural la orden sería innecesaria. David entiende que es necesario alabar a Dios, y que sostiene una lucha con su propio «yo» para hacerlo ─¿te suena familiar?─, de allí que requiera animarse a sí mismo. La orden se repite en el inicio del segundo verso, dando énfasis y volviendo a animar a su propia alma (todo su ser) a alabar a Dios. Para David el involucramiento de todo su ser en la alabanza y adoración a Dios es algo de suma importancia, no quiere que su boca alabe sin que alabe su corazón, no quiere que su corazón alabe sin que alabe su entendimiento, no quiere que su entendimiento alabe sin que lo haga su espíritu.

2. Tienes al menos dos razones para hacerlo

Por quién es: En el primer verso David reconoce a Dios como Jehová cuyo nombre es Santo. Diciéndole a su alma, y todo su ser, que deben alabar a Jehová y su santo nombre. Con esta declaración David reconoce la distancia existente entre él y Dios. Sólo Él es santo ─y yo pecador─ y digno de ser alabado (Sl 145:3; Sl 96:4). Si bien Dios es digno de ser alabado sólo por quién es, sin duda también es digno de ser alabado…

Por lo que ha hecho: En el segundo verso el salmista enlaza la orden de alabar a Dios con mantener en memoria (no olvides alma mía) todos sus beneficios (lit. todas sus obras). Estas obras son hechas en favor del salmista, y de otros. La lista de beneficios que David ha recibido del Señor se enumeran del tercer verso en adelante, poniendo énfasis en el perdón y la salvación de Dios (¡te animo a leer el salmo completo!).

3. Puedes usar tu memoria para hacerlo

David aconseja a su alma a no olvidar, y a no olvidar los beneficios de Dios, las obras de Dios en su favor. La tendencia natural nuestra es a olvidar todo el bien que recibimos constantemente de parte de Dios, y entonces tener una actitud quejumbrosa para con Él, en vez de una actitud de alabanza para con Él. Asumimos que es normal abrir los ojos en la mañana, gozar de nuestros sentidos (vista, olfato, tacto, etc.), respirar, caminar, tener qué comer, tener qué vestir, tener dónde domir. Disfrutar de la creación (el sol, la lluvia, los árboles, los animales, etc.), tener salud, tener una familia ─la lista es interminable─, y por sobre todo tener salvación en el Señor Jesucristo. Y aún así, a pesar de nuestra mala memoria Dios sigue cada día añadiendo beneficios tras beneficios pues, como dice el verso diez de este salmo: «Dios no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados», y entonces, aún en nuestro olvido encontramos una razón para alabar a Dios. Haz memoria de todo el bien que recibes de Dios cada día, y mantenlo en mente, y ve si no eres animado e impulsado a alabarle.

Conclusión

En estos tiempos en donde la bondad de Dios es cuestionada, la queja tiende a aparecer, y el alma, nuestro ser, muchas veces se concentra y se dedica a cualquier cosa menos a alabar a Dios, te invito a tomar un tiempo de reflexión contigo mismo, en soledad, para que animes a tu alma a hacer aquello para lo que fue creada: «alabar a Dios». Vence a tu carne, y haz memoria de quién es Dios, haz memoria de lo que ha hecho, y de lo que ha hecho por ti, en particular, en cómo te ha salvado y dado una nueva vida en Jesucristo, esto te impulsará a alabarle mediante la oración, el cántico, la obediencia, el servicio y el testimonio ante otros. No es simplemente hacer algo, es una vida, en su totalidad, alabando a Dios. ¡Cuídate de dejar algún área de tu vida fuera de la alabanza a Dios! Después de todo, la palabra que David utiliza para «alma», también se utiliza para «aliento» y «vida», y no hay vida ni aliento de vida fuera de Dios, anima a tu alma a hacer aquello para lo que fue creada, anímate a alabar a Dios.

Dios te bendiga.

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  1. Excelente reflexion y muy motivante. A Jehova nuestro Dios y Salvador, se le bendice, se le ala ba y se le adora por todas las razones que puedan existir, sean buenas o parezcan malas. El Señor te bendiga siempre hermano Cesar.

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