Confiando en medio de la aflicción

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Confiando en medio de la aflicción

El creyente es llamado a confiar en Dios en medio de las aflicciones, y hoy, más que nunca, debemos animarnos a hacerlo. Es por esto, que a través del Salmo 25, quisiera compartir con ustedes tres características que debe tener nuestra confianza en Dios.

El salmo 25 se le atribuye a David, y nos deja ver la confianza que éste deposita en Dios durante la aflicción, es mas, el salmo inicia y finaliza con la idea de confianza. El verso 2 dice: «Dios mío, en ti confío», y el verso 20 atestigua «Porque en ti confié» (o me refugié). La confianza de David manifestada en este salmo deja ver, al menos, tres características que como cristianos debiésemos considerar:

1. Confía esperando

El verso 3 nos dice: «Ninguno de cuantos esperan en ti será confundido». Y se complementa esta idea al final del verso 5 diciendo: «En ti he esperado todo el día», finalizando con la declaración del verso 21: «Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado». David tiene la certeza de que Dios obra para bien en todos aquellos que esperan en Él y se señala a sí mismo como uno de ellos. Durante el día de su aflicción, David esperó en Dios y esperaba fundamentando su confianza en el obrar de Dios para con él. Dios era para David el Dios de su Salvación (verso 5), y es como si nos dijera, a través de su testimonio: ¡Puedo esperar en Aquel que me ha salvado!

Como hijos de Dios somos llamados a confiar esperando, sin importar cuánto dure la aflicción, la verdadera confianza se mantiene en pie. Espera la liberación de Dios, aunque esta tarde en llegar, incluso, aunque esta no llegue en la vida presente y perezcamos en medio de gran adversidad. Aún así, sabemos que en Cristo somos más que vencedores, y que las aflicciones del tiempo presente no se comparan con la gloria que en nosotros ha de manifestarse (cf Ro 8:18, 28). Tú también puedes esperar en Aquel que te ha salvado. Por lo tanto, confía, y mientras lo haces, espera.

2. Confía viendo el obrar de Dios

David pide insistentemente poder ver el obrar de Dios, ver cómo Dios es y qué es lo que hace, para así, continuar confiando.

El verso 4 dice: «Muéstrame tus caminos, enséñame tus sendas». Se complementa esta verdad en los versos 8 y 9 declarando que: «Bueno y recto es Jehová, Él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio y enseñará a los mansos su carrera». Y en el verso 10 cierra la idea expresando: «Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad». David quería ver el obrar de Dios, su quehacer y su voluntad, todas ideas asociadas al camino de Dios, un camino de justicia que David anhelaba imitar y que al verlo, no podía hacer otra cosa sino confiar.

Al ver quién es Dios y su obrar, David enfatiza dos cosas a través del salmo en medio de su aflicción. La primera es la misericordia de Dios, de allí que confiese que todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad y apele constantemente a la misericordia de Dios para ser librado (lea los versos 6, 7, 10, 16). La segunda es su propia pecaminosidad. David pide a Dios que se acuerde de él conforme a su misericordia y no conforme a los pecados de su juventud. Clama a Dios para que su pecado sea perdonado pues entiende que su pecado es en sobremanera grande. Es hermoso pensar que David, al ver quién es Dios y su obrar, reconoce sin reparos que él es un pecador, y que sólo se mantiene en pie por la misericordia de un Dios bueno (lea los versos 7, 8, 11, 18). David, en medio de su aflicción, reconoció que Dios es misericordioso, y que él era pecador, pero como tal, podía confiar en Dios pues Dios era el único que en base a su gran misericordia le podía perdonar de la verdadera aflicción, su pecado.

Como cristianos debemos, en medio de la aflicción, reconocer que Dios está obrando. Dios no está sentado en su trono de manera indiferente, está haciendo algo. Detrás de lo que ocurre su soberano propósito avanza en cumplimiento, y entonces, al reconocer esto, los hijos de Dios nos mantenemos confiando. Es imperante acercarnos con mayor denuedo a la Palabra de Dios, buscando ver a Dios, ver sus obras, entender su voluntad, su proceder, eso nos ayudará a confesar que así como Dios obró en el pasado obra el día de hoy. Además, seremos impulsados a enfatizar las mismas dos verdades que enfatiza David en cuanto al obrar de Dios en nuestra vida y en el mundo. ¡Yo soy pecador y Dios es misericordioso! Por lo tanto detengamos la queja, y confesemos que por la misericordia de Dios no hemos sido consumidos, sino salvados y librados de la paga del pecado que es la muerte, y entonces, reconoceremos que Dios ha obrado, pues nos ha perdonado, y continúa obrando. Por lo tanto, confía, y mientras lo haces, ve el obrar de Dios.

3. Confía sin avergonzarte

El salmo inicia y termina mostrando la preocupación que tiene David por no ser avergonzado. Al comienzo el verso 2 dice: «No sea yo avergonzado». Y el final el verso 20 vuelve a declarar: «No sea yo avergonzado«. Ambos versos nos permiten tener acceso a qué era lo que David debía hacer para no ser avergonzado, y es: Mantenerse confiando en Dios. El verso 2 comienza diciendo: «Dios mío en ti confío». Y el verso 20 finaliza dando como razón, para no ser avergonzado: «Porque en ti confié». David quería mantenerse confiando, y al hacerlo, la vergüenza no hallaría cabida en él. Podría, frente a Dios, confesar que su confianza se mantuvo de principio a fin sin importar las circunstancias. Para David, cobraba extremo valor dar testimonio, sin avergonzarse, de que confiaba en Dios y que Dios le reivindicaría en algún momento, sea librándolo de la aflicción momentánea o no.

Como creyentes nuestra petición debe ser la misma, debemos clamar a Dios:

¡Oh Dios, ayúdanos a mantenernos confiando en ti sin avergonzarnos, y entendiendo que la vergüenza a la que debemos temer es aquella que sentiremos al presentarnos anti ti, teniendo que confesar que no hemos confiado de la manera en la que Tú quieres que lo hagamos. Tú solo, Oh Dios, eres digno de nuestra máxima confianza, ayúdanos a confiar en ti!

Tenemos la oportunidad de usar la adversidad como medio por el cual damos testimonio de Jesucristo, de su evangelio, de a quién hemos creído. No la desperdiciemos evitando quedar en vergüenza ante aquellos que pensamos, se van a burlar, o, comportándonos como las personas que no tienen esperanza. ¡Nosotros confiamos en Dios! Por lo tanto, confía, sin avergonzarte.

Para finalizar quiero destacar el verso 15 que ejemplifica gráficamente cómo nos mantenemos confiando en Dios en medio de las aflicciones. David dijo: «Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque Él sacará mis pies de la red».
Dejemos de afanarnos con la red, Dios la sacará a su debido tiempo si así lo estima conveniente. Mientras tanto, confiemos esperando, viendo el actuar de Dios, y sin avergonzarnos.

Dios te bendiga.

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