Descubriendo el poder del evangelio para el matrimonio es el subtítulo de este libro escrito por Dave Harvey, y creo que no pudo ser mejor seleccionado. Me sumo a las palabras de Paul Tripp diciendo: «Este libro me recordó de nuevo algunas cosas muy importantes. Me recordó que yo soy mi problema matrimonial más grande. Me recordó, de manera muy práctica, que Jesús y el evangelio son la única solución, y por último, me animó a recordar que la gracia hace posible nuevos comienzos».

¿Para quién es el libro?

Dave Harvey declara:«Si usted está casado, o pronto se casará, descubrirá que su matrimonio no es una novela romántica. El matrimonio es la unión de dos personas quienes llegan cargando el bagaje de la vida. Y ese bagaje siempre  contiene pecado. A menudo se abre en la misma luna de miel, y a veces espera hasta la siguiente semana. Pero las maletas siempre están allí, a veces haciendo tropezar a sus dueños, a veces abriéndose sin aviso y desparramando su contenido olvidado. No debemos ignorar nuestro pecado, porque es el contexto en el cual el evangelio luce más brillante». Así que, si esta es tu realidad, este libro es para ti. 

El libro se divide en 10 Capítulos que están presentados de manera sistemática, los cuales tienen por objetivo hacer entender al lector las tres siguientes verdades.

1. El matrimonio es para la gloria de Dios

El matrimonio es maravilloso porque Dios lo diseñó para mostrar su gloria. Por lo tanto, un matrimonio bíblico tiene por propósito mostrar la gloria de Dios. 

Dios es el que hace posible el éxito en el matrimonio. Lo hace mediante nuestra obediencia a su Palabra, por lo tanto, como dice Harvey: «Lo que creemos acerca de Dios determina la calidad de nuestro matrimonio».

Lo que creemos de Dios afecta a lo que creemos de la vida, de nuestro propósito y también del matrimonio. Tu teología definirá tu éxito en el matrimonio. Una vez más se nos hace notar que la comprensión que tengamos de Dios define la comprensión que tenemos de nosotros mismos. Una comprensión correcta de Dios se adquiere meditando en Las Escrituras, las cuales a su vez, nos revelan a Jesucristo y el evangelio. Sin una correcta comprensión del evangelio no podremos tener éxito en nuestro matrimonio porque el evangelio es el que permite entender nuestra realidad ante Dios, y comprender esto correctamente es lo que define nuestra realidad y relacionamiento con nuestro prójimo, inclusive, en el matrimonio. Comprender el evangelio nos hace entender que somos pecadores, comprenderlo profundamente me hará reconocer que, como Pablo (1 Tim 1:15-16), soy el peor de ellos. Esto es tener una teología correcta: soy el peor de los pecadores y sólo he sido salvado por gracia.

Jerry Bridges dice: «El pecado no es malo por lo que me hace a mí, o a mi cónyuge, o a mi hijo, o a mi vecino, sino porque es un acto de rebelión contra el Dios infinitamente santo y majestuoso». Eso es lo terrible del pecado, ofende infinitamente a Dios, y Dios en su justicia, dará justa retribución a quienes no se arrepienten. ¡Gloria a Dios por los pecadores que hemos sido perdonados!

Este entendimiento es clave si queremos tener un matrimonio exitoso bajo los parámetros de Dios, es decir, para la gloria de Dios.

2. El matrimonio está compuesto por dos pecadores

Lo maravilloso del matrimonio es que se logra con la unión de dos pecadoresーdonde cada uno, bíblicamente, debe sentirse como el peor  de ellos. La Escritura aclara que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Rom 3:23). Por lo tanto, es de esperar que la unión de dos pecadores traiga consigo conflictos y problemas, como nos señala el título, podemos declarar que son pecadores los que dicen: «Acepto».

Los problemas en el matrimonio son  causados por una guerra interna en nuestro propio corazón a causa del pecado. Las contiendas y conflictos que se presentan, aunque así pueda parecer, no son culpa del otro. Siempre son nuestra culpa (Stgo 4:1). 

Mientras más y mejor conozcamos a Dios más pecadores nos veremos, entenderemos que el problema somos nosotros y disfrutaremos del poder transformador del evangelio. El peor enemigo de mi matrimonio siempre soy yo. Porque, una buena teología, me debe hacer entender que soy el peor de los pecadores. El autor nos lleva a Lucas 7:36-50 para hacernos recordar que al que mucho se le perdona mucho ama. Si de verdad entiendes cuál era tu realidad sin Cristo, y ves lo pecador que eres, no a luz de tu prójimo ーporque en el país de los ciegos el tuerto es reyー, sino a la luz del Dios tres veces santo y comprendiéndolo entiendes que Dios te ha perdonado, no puedes sentirte sino amado, y amado en extremo. Esto te llevará a amar a Dios por sobre todo, y te impulsará a dispensar la gracia que has recibido de parte de Él sobre tu cónyuge. Nuestro principal enemigo en el matrimonio es el pecado que mora en nosotros y no nuestro cónyuge.

En palabras de Harvey: «Al momento de encontrar que 1 Tim 1:15-16 es fidedigno, una vez que pueda aceptarlo totalmente, una vez que sepa que verdaderamente soy el peor de los pecadores, ya veré que mi cónyuge no es mi mayor problema: Lo soy yo. Y cuando me encuentro caminando en los zapatos del peor pecador, haré todo esfuerzo para extenderle a mi cónyuge la misma gracia espléndida que Dios me ha extendido a mí».

Tratar con el pecado a la luz del evangelio de Jesucristo es la clave de un matrimonio fructífero. Dios sabiendo que somos pecadores nos capacita para dar gloria a su nombre a través del matrimonio cuando dejamos que el evangelio dé fruto en nosotros. 

 3. El Matrimonio necesita del poder del evangelio

Todo lo que no es pecado en la vida del creyente es la gracia de Dios obrando en él. Todo lo bueno que podamos hacer es a causa del poder de Dios para salvación, es decir, del evangelio operando en nosotros. El evangelio de Jesucristo tiene el poder para que dos pecadores que se unen glorifiquen constantemente a Dios con su matrimonio.

El evangelio nos enseña que:

  • Lidiar con el pecado para aprender a obtener victoria en nuestra lucha diaria requiere: (1) De humildad para sospechar de uno mismo; (2) De integridad para inspeccionarse uno mismo; y (3) Admitir que las circunstancias solo revelan el pecado existente ーLas circunstancias sólo hacen salir lo que ya está dentro. Por lo tanto,  debemos centrarnos en la gracia inmerecida y no en las necesidades insatisfechas.
  • La misericordia triunfa sobre el juicio. Todo lo anterior no nos libra de que nuestro cónyuge falle, pero cuando eso ocurra somos responsables de extenderle misericordia (Lc 6:36).
  • La misericordia siempre debe estar presente, de principio a fin. Lutero llamó el matrimonio la escuela del carácter. Como dice Harvey: «Sin la misericordia las diferencias se vuelven divisivas, a veces «irreconciliables». Pero, las diferencias profundas e intensas son una realidad en todo matrimonio. Lo que las vuelve irreconciliables no es la presencia de las diferencias, sino la ausencia de la misericordia. ¿Cuántos pecadores que dicen «Adiós» permanecerían como amantes que dijeron «Acepto» si entendieran el  lugar de la misericordia en el matrimonio» (Stgo 2:13).
  • La misericordia no busca resultados de cambio en nuestro cónyuge (Aunque contentos estaremos si ayuda a generarlos), busca la recompensa de Dios.
  • El perdón debe ser pleno y gratuito. La misericordia produce perdón y los pecadores perdonados perdonan porque Dios les perdonó a ellos. Harvey lo expresa de esta manera: «El perdón y el arrepentimiento forman la herramienta poderosa que repara todo el daño que hay en nuestros matrimonios desgarrados por el pecado. Y donde se practica el perdón, y el arrepentimiento se vive, allí ocurre la transformación… Hemos sido perdonados de la deuda más grande. Aprendamos a perdonar al deudor con quien nos casamos. Es la manera de seguir adelante cuando los pecadores dicen: «Acepto»».
  • Debemos tener paciencia puesto que el arrepentimiento y el cambio tardan tiempo. Cuando pecadores decimos: «Acepto», debemos comprometernos al proceso completo que implicará la santificación en la vida de cada uno. Ahora bien, debemos aclarar que el verdadero arrepentimiento no es simplemente desear cambiar, sino que es hacer el cambio.
  • Todo es gracia. La gracia nos lleva a Dios. Es el colchón donde caemos cuando pecamos.  Debemos mantenernos avanzando y esperando en la gracia de Dios para vivir un matrimonio conforme a su voluntad, pues Dios tomará su tiempo para perfeccionar tanto mi vida como la de mi cónyuge.
  • En la vida y en la muerte nuestra esperanza esta puesta en Cristo. Un matrimonio maduro no sólo pensará en el ahora, sino que también en lo porvenir. Harvey pone énfasis en que no siempre estaremos juntos en esta vida pero que aún en la tristeza que conlleva la muerte de nuestro cónyuge Cristo es suficiente: «En esta vida, la muerte de un cónyuge es un momento decisivo que nos afectará hasta el día en que también muramos nosotros. Sin embargo, comparado con nuestro destino, es sólo un cambio leve de dirección en el océano de la eternidad». El evangelio nos da esperanza aún más allá de la muerte, pues en algún momento quienes se dijeron «Acepto», tendrán que decirse «Adiós».

En una sociedad en donde la familia y el matrimonio se han visto atacados este libro es más que oportuno. La verdad es que ha sido una bendición leerlo y lo recomiendo a todos aquellos que quieran descubrir más acerca del poder del evangelio en el matrimonio. Sin importar lo que haya pasado, Dios tiene poder para hacer que nuestros matrimonios sean matrimonios que le glorifiquen a Él.

Después de haber leído este artículo te animo a que ahora te acerques a tu cónyuge y les digas ーcomplementando las palabras de Harvey: «Realmente soy un gran pecador y soy tuyo de por vida, pero el evangelio de Cristo es y será suficiente para que podamos glorificar a Dios con nuestro matrimonio»

El Señor nos ayude a todos los pecadores que hemos dicho ーy a quienes dirán: «Acepto».

Dios te bendiga.

 

Agradezco a mi amigo Andrew Thompson quien me regaló este libro hace un tiempo atrás.

Nota: Puedes conseguir el libro por Amazon o en tu librería cristiana más cercana (En mi caso CLC Chile),