Este es un libro de fácil lectura, claro, útil y reflexivo. El pastor Núñez nos invita a meditar en la idea de lo que hacemos y lo que somos, declarando que antes de hacer tenemos que ser. Es un gran recordatorio. Una brisa fresca que nos recuerda lo pecadores que somos y lo que Dios ha hecho ーy continúa haciendoー  sacándonos de la esclavitud del pecado para hacernos siervos de justicia. Ahora bien, aunque esto es una realidad, Dios está preocupado del carácter de sus siervos más que del activismo de éstos, por lo tanto, Dios quiere formar el carácter de Jesús ーel Siervo por excelenciaー en ellos.  No se puede ser un buen soldado sin un entrenamiento previo. Cuando escuchamos muchas veces de jóvenes entusiasmados por el servicio: «Yo quiero ser misionero pero no quiero prepararme», vemos entusiasmo y ahínco en hacer, pero no tanto en llegar a ser. Esto explica los fracasos en el ministerio ya que los riesgos que se corren al permitir hacer sin ser son altos. Por lo tanto, antes de hacer tenemos que ser y, como dice Núñez: «Dios se toma su tiempo en formarnos. Todos necesitamos tiempo para ser preparados por Dios».

El libro es un recorrido de 14 capítulos, presentando 13 características que debe poseer un siervo, es decir, cómo debe ser antes de hacer. En cada capítulo encontramos una introducción, un desarrollo, y una reflexión final que invita al lector a evaluarse a sí mismo. 

A continuación, daré un resumen de las características presentadas que debe poseer un siervo para Su gloria, incluyendo algunas citas textuales entre «». 

1. Sé un siervo con un mundo organizado

«Hasta que nuestro mundo interior no esté organizado, será imposible que podamos organizar nuestras vidas». La administración del tiempo y de las tareas es clave para esto. Vivir de forma reactiva ante lo urgente dejando de lado lo importante esta lejos de ser una buena práctica en la vida del creyente. Esto nos impide ser y nos impulsa a hacer. «Para muchos, lo que la gente piensa de ellos es más importante que lo que Dios piensa», por lo que el lazo puesto en ellos (Prov 29:25) les obliga a hacer sin tener la capacidad de organizar su mundo interior para esperar llegar a ser

«Dios conoce que tenemos 24 horas y Él no nos pedirá hacer cosas que requieran 30 horas del día para hacerlas, porque ese no es el Dios que conocemos. Así pues, a veces tenemos cosas en  «nuestro plato» que Dios no ha colocado allí y que tenemos que eliminar». 

2. Sé un siervo de mente bíblica

Cuando los creyentes carecen de una mente bíblica  «Esto sale a relucir en sus conversaciones cotidianas, así como en sus relaciones, en la manera de vivir, en la forma como visten, en la manera como gastan, en la manera como debaten, en la forma como tratan a aquellos que consideran inferiores».

Necesitamos invertir tiempo en la Escritura para cultivar un mente bíblica y adquirir sabiduría.«Es imposible para el hombre adquirir una verdadera sabiduría sin conocer a Dios primero. Es precisamente el conocimiento de Dios lo que permite que lleguemos a conocer algo de nosotros mismos para que entonces podamos conocer el resto de lo que toca conocer». Por lo tanto, el hombre que no invierte en conocer la Palabra de Dios no tendrá una mente bíblica.

3. Sé un siervo apartado

«Si quieres servir a Dios necesitas entender que tienes que ser una persona apartada (1 Ped 1:15-16)». Para el cristiano, el apartarse implica un distanciamiento del pecado y un acercamiento a Dios, esto es lo que conocemos como proceso de santificación. El buscar la santidad tiene un precio, como bien dijo A. W Tozer: La soledad es el precio que el santo paga por su santidad. Pero aún en la soledad el creyente debe cuidarse de sí mismo, de allí que Spurgeon exhorte al creyente a que esté consciente de sí mismo, más que de cualquier otra persona, pues llevamos el peor enemigo dentro de nosotros.

No podemos avanzar en nuestro proceso de santificación sin disciplina. «La disciplina tiene que ver con nuestro amor por Dios y no con nuestro deseo de impresionar al hombre. Esa es la diferencia entre disciplina y legalismo. La disciplina tiene a Dios en el centro y el legalismo tiene al hombre». Todo creyente debe buscar crecer en santidad, y sobretodo quienes sirven de manera pública, como bien señala el pastor Núñez: «Los líderes que no son santos estorban el trabajo de Dios».

Nota: Te invito a leer también En pos de la santidad.

4. Sé un siervo en su presencia

«Es importante que enfaticemos la necesidad que tenemos todos los que deseamos servir al Señor, de que nuestro servicio fluya de nuestra relación diaria y continua con nuestro Dios».

«Muchos líderes y ovejas desean tiempo con Dios, pero durante ese tiempo de intimidad suelen buscar más Sus bendiciones que a Dios mismo. Quizás esa es la razón por la que tendemos a buscar a Dios más frecuentemente cuando estamos en necesidad que cuando las cosas van bien».

«El paso del tiempo no garantiza el conocimiento de Dios, sino la intimidad que hayamos desarrollado con Él». La intimidad con Dios será directamente proporcional al tiempo que pasemos en su presencia a través de la oración y la meditación en su Palabra.

5. Sé un siervo de una vida bien vivida

«Una vida bien vivida es la que se vive para la gloria de Dios». R. C Sproul dijo: Hagan todo lo que esté a su alcance para hacer absolutamente todo para la gloria de Dios. La vida cristiana bien vivida, no sólo comienza sino que termina bien.

«Una vida bien vivida deja una marca en los demás. No es posible que pasemos a la historia sin dejar algún legado, ya sea en la vida de nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestra iglesia o nuestros compañeros de trabajo, y pretendamos que hemos vivido bien. Dios nos creó para traer gloria a su Nombre en todo lo que hagamos».

Cuando vivimos para la gloria de Dios, no hay lugar para la queja. «Necesitas orientar tu vida hacia los propósitos de Dios; en eso consiste una vida bien vivida. Es difícil imaginarnos una vida consagrada a los propósitos de Dios, llena de insatisfacción y queja; no podemos unir esas dos cosas. Dios no nos creó para que nos quejemos cuando las cosas no van bien, sino para la alabanza de su gloria. No vemos cómo la queja puede glorificar a Dios; no lo refleja, no lo exalta ni tampoco hace que el otro piense mejor de Dios. Una vida orientada hacia los propósitos de Dios produce satisfacción y gozo de forma natural».

6. Sé un siervo moldeado por el evangelio

Paul Washer dijo: Uno de los más grandes crímenes cometidos por esta generación de cristianos es la negligencia del evangelio, y de esa negligencia se derivan todos los demás males de la iglesia. El mundo perdido no está tan endurecido hacia el evangelio, sino que lo ignora porque muchos de los que lo proclaman ignoran sus verdades más básicas.

«Un hombre impactado por el evangelio sabe perdonar». Es humilde, honesto, enseñable, amoroso, no contencioso, ama la palabra, fructifica, y sirve buscando el reino de Dios y su justicia.

«La dificultad para mostrar el evangelio en nuestras vidas radica en la ausencia del fruto del Espíritu en esas mismas vidas». Debemos dar frutos de justicia, y esto es resultado de ser lleno del Espíritu. «A su vez, la llenura del Espíritu es el resultado de una vida rendida a nuestro Dios y de una vida inmersa en la palabra de Dios». Sin lo anterior no podemos vivir el evangelio. Como nuevas criaturas debemos entender que no vivimos para nosotros ni para el mundo sino para Cristo.  «Lo que el cristiano hace en su trabajo no define quién es. El evangelio lo define».

7. Sé un siervo para Su gloria

Jesús es el ejemplo perfecto de un siervo que vive para la gloria del Padre. 

«Dios no nos llama solo a que nos comportemos como un siervo, pues eso puede cambiar de tanto en tanto, sino que nos llama a ser siervos y no solo a que actuemos como siervos de manera intermitente, que es lo que muchas veces vemos y hacemos».

Se dice que «si quieres saber lo que un hombre es, no le des responsabilidades, sino privilegios». Jesús manejó sus privilegios buscando siempre el bien del otro «porque vivió como un siervo para Su gloria. Se requiere un corazón de verdadero siervo para manejar los privilegios que el amo otorga». Bajar de una posición de privilegio no es fácil porque se ve como un retroceso. Como alguien dijo: «La grandeza de un hombre no está en cuántas personas tiene por debajo de él, sino a cuántas personas sirve» y Jesús sirvió a todos buscando glorificar al Padre.

8. Sé un siervo espiritual

Tu madurez y carácter son claves en la tarea de liderazgo. «En otras palabras, cuando de iglesias se trata, la congregación llegará hasta donde llegue el liderazgo en su desarrollo espiritual y moral». 

La reputación es importante pero no es suficiente. Podemos gozar de buena reputación sin ser personas espirituales que viven buscando glorificar a Dios. Dios ve lo que somos, y lo prioriza por sobre lo que hacemos en contraposición a lo que el mundo y la sociedad prioriza.  «El liderazgo natural que vemos en la sociedad tiende a exaltar los dones y habilidades de la persona «al mando»; el liderazgo espiritual procura exaltar al dador de los dones talentos y oportunidades, es decir, a Dios». El líder es un siervo de Cristo que vive para glorificar a su Señor.

9. Sé un siervo de influencia

La humildad es clave para esto. «Los lideres humildes cultivan relaciones, forman a otros líderes, invitan a otros a liderar con ellos, comparten sus ideas y permiten ser cuestionados en el buen sentido y de manera constructiva». 

El orgulloso disfruta de que lo reconozcan como jefe o superior, mientras que el humilde lidera modelando, como lo hizo nuestro Señor Jesucristo. Debemos lograr con nuestro ejemplo que los otros sigan a Jesús y no a nosotros. Esto se debe poner en práctica en todo nuestro quehacer incluso cuando nuestro prójimo falla o nos ofende. «Frente a un mismo acontecimiento podemos herir al otro o ayudarlo a crecer». Los siervos de influencia cuidan sus reacciones frente a los demás, no se hacen los ofendidos ni juegan siempre a la defensiva. Para lograr esto, como dice Núñez: «Necesitamos cultivar una piel bien gruesa y un corazón bien grande».

10. Sé un siervo con propósito

Nuestro sentido de propósito está distorsionado a causa del pecado. Nuestro deleite como siervos debe estar en nuestro Señor, declarando que sólo Cristo nos satisface plenamente. Cristo nos ha salvado y nos ha dado un nuevo propósito. Vivimos para la gloria de Dios «vivir para su gloria requerirá excelencia de vida en todo lo que hacemos. Fuimos creados para reflejar las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 Pe 2:9); por eso la mediocridad produce insatisfacción».

Se nos exhorta a vivir a Cristo, renunciando a este mundo para la gloria de Dios, renunciando a lo que debamos renunciar y entregando lo que debamos entregar. Como dijo Jim Elliot: No es tonto aquel que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder.  Y si algo bueno logramos hacer, toda la gloria debe ser para nuestro Dios. A.W Tozer dijo que: El hombre debería ser como un espejo que refleja la gloria de Dios y se la devuelve.

11. Sé un siervo que vive su llamado

«Nuestro propósito está íntimamente relacionado con nuestro servicio. Dios nos llama siervos y los siervos sirven. Además, los verdaderos siervos no sólo sirven a los cristianos, sino también al incrédulo como Cristo lo hizo con Judas. El verdadero siervo no es selectivo en su servicio; sirve porque esa es su naturaleza; servir es su gozo y lo hace dentro y fuera de la iglesia». Hemos sido rescatado de la esclavitud del pecado para servir a la justicia.

12. Sé un siervo reflexivo

Dios ha usado la reflexión de otros siervos para crecimiento de nuestras vidas. Nosotros debemos aprender a reflexionar y entender que hay un alto beneficio en ello, no sólo para nosotros sino que también para los demás. 

Todo lo que anhelemos hacer debe ser analizado con los lentes de: (1) ¿Esto es bíblico?; (2) ¿Cuál es nuestra motivación?; (3) ¿Quién será glorificado?

«No podemos continuar viviendo de manera irreflexiva porque perderemos mucho tiempo y con ello perderemos muchos galardones al llegar al reino  de los cielos». La reflexión aplica tanto para lo que queremos hacer (futuro) como para lo que ha sido hecho (pasado). Por lo tanto,  cada vez que quieras mover una reja pregúntate por qué fue puesta allí.

13. Sé un siervo no seducido por el éxito

“El impacto de la persona de Jesús en 2000 años de historia ha sido monumental; no obstante, a los ojos del mundo, Su vida, que terminó a los 33 años, fue un fracaso». El creyente, como siervo, debe anhelar ser exitoso pero bajo los parámetros de Dios

«El hombre vive obsesionado con tener una buena reputación, mas Dios está interesado en que nos ocupemos primero de nuestro carácter. Recuerda que, como ya hemos mencionado, el carácter representa lo que somos, nuestra esencia, aquello que hay en nuestro interior; mientras que la reputación es lo que otros piensan que somos. Debemos enfocarnos en cultivar nuestro carácter, pues luego Dios se encargará de nuestra reputación».

Recordemos que «para Dios, el éxito o la prosperidad dependen de la obediencia a su Palabra» y un verdadero siervo para Su gloria se esforzará por vivir en completa obediencia a su Señor. 

 

Después de este resumen te animo a leer el libro completo, te aseguro que será de enorme bendición para tu vida. Recomiendo el libro a todo cristiano y sobre todo a los líderes.  Creo que sin dudas, quien lo escribe, es alguien que ha dado testimonio y se ha esforzado por ser un siervo para Su gloria.

Dios te bendiga.

Nota: El libro fue leído en su versión para Kindle, y lo puedes adquirir en Amazon como en tu librería cristiana más cercana.