Hoy traigo a ustedes las 33 citas del Libro El evangelio: Cómo la iglesia refleja la hermosura de Cristo de Ray Ortlund y el ministerio 9 Marks. El libro tiene bastante para aportar en cuanto a la forma en que las iglesias debemos proclamar el evangelio y vivir el evangelio (cultura del evangelio)  centrados siempre, de palabra y de hecho, en la persona de Cristo.

  1. El evangelio no es ley, que requiere que nos ganemos algo. El evangelio es un anuncio de bienvenida, que declara que Jesús lo pagó todo.
  2. Dios mediante la vida perfecta, la muerte expiatoria, y la resurrección corporal de Jesucristo, rescata a todo su pueblo de la ira de Dios, para tener paz con él, con la promesa de una restauración completa de su orden creado para siempre; todo para la alabanza de la gloria de su gracia.
  3. Una iglesia con la verdad del evangelio en su teología puede producir lo opuesto del evangelio en su práctica. El Señor resucitado le dijo a una de sus iglesias, «Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido,  y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo».
  4. Así que la prueba de una iglesia centrada en el evangelio es su doctrina sobre el papel más su cultura en la práctica (vivencia del evangelio); «una demostración en la vida de que este énfasis escritural correcto y vital, satisface las necesidades genuinas y las aspiraciones de los hombres». Si la cultura del evangelio de una iglesia se ha perdido -o nunca fue construida- el único remedio se encuentra a los pies de Cristo.
  5. La necesidad de nuestros tiempos es nada menos que la recristianización de nuestras iglesias, solo según el evangelio, tanto en doctrina como en cultura, por Cristo mismo.
  6. Cualquier iglesia de cualquier denominación que se quede corta con respecto al evangelio de Cristo, ya sea en doctrina o cultura, colapsará inevitablemente bajo las extremas presiones de nuestros tiempos…Solo personas en una condición resucitada van a impactar en esta sociedad.
  7. La doctrina del evangelio crea una cultura del evangelio. La doctrina de la gracia crea una cultura de la gracia. Cuando la doctrina es clara y la cultura es hermosa, esa iglesia será poderosa. Pero no existen atajos para lograr esto. Sin la doctrina, la cultura será débil. Sin la cultura, la doctrina parecerá no tener sentido.
  8. La verdad sin gracia es dura y desagradable. La gracia sin verdad es sentimentalismo y cobardía. El Cristo que vive está lleno de gracia y verdad. Por tanto, no podemos representarlo dentro de los límites de nuestras propias personalidades y trasfondos.
  9. La renovación de nuestras iglesias comienza en lo profundo de cada uno de nosotros, al ser nosotros mismos renovados en el evangelio.
  10. A medida que crecemos en ver a Dios más claramente, también creceremos en vernos a nosotros mismos más claramente. Juan dice: «Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas».
  11. Jesús es único. No hay otro como él. Por tanto, él es irreemplazable. No hay otro Salvador. El mundo no tiene otra esperanza. Nadie más va a venir del cielo para rescatarnos. Se trata del único Hijo de Dios, o la desesperación ahora, y la condenación para siempre.
  12. Cuando creo en Cristo, dejo de esconderme y de resistirme. Entrego mi autonomía. En respuesta a la buena noticia de todo lo que Jesús ha hecho, me lanzo a él como mi única esperanza. Quiero ser realmente perdonado de mis pecados reales por un Salvador real.
  13. Somos justificados gratuitamente, por causa de Cristo, por la fe, sin nuestros propios esfuerzos, méritos u obras. La respuesta confesional a la vieja pregunta: «¿Qué debo hacer para ser salvo?» es impactante: «¡Nada! Solo quédate quieto; cállate y escucha por una vez en tu vida lo que el Dios todopoderoso, creador y redentor, le está diciendo a su mundo -a ti- en la muerte y resurrección de su Hijo. ¡Escucha y cree!».
  14. La vida eterna está disponible ahora mismo para los pecadores merecedores del infierno, los cuales son amados grandemente por el glorioso Dios que ha dado a su único Hijo. Lo único que pide es que respondamos a esa buena noticia dejando de mirarnos a nosotros mismos para recibir a Cristo con las manos vacías de la fe.
  15. La doctrina y la cultura del evangelio no coexisten por mera casualidad. La doctrina crea y sustenta a la cultura. Nuestra forma de vivir juntos en nuestras iglesias es el resultado de lo que creemos juntamente.
  16. Sufrimos y crecemos estando juntos. Estando juntos alabamos, crecemos y servimos, conforme a la Palabra de Dios. Esto es tu iglesia; la zona cero de un nuevo tipo de comunidad que Cristo está creando en el mundo hoy para mostrar su gloria. Esto es una cultura del evangelio.
  17. Nosotros no arruinamos el plan de Dios; nosotros somos su plan, su plan eterno para amar a los que no lo merecen, para mostrar su gloria. Conforme a su amoroso plan, Cristo se dio a sí mismo por su Iglesia en la cruz.
  18. El evangelio no es la historia de Cristo amando a una novia pura que le ama; es la historia del amor de Cristo por una prostituta que piensa que él no tiene nada que ofrecer y continúa entregándose a los demás. Es por ello que toda iglesia apartada para Cristo sigue necesitando una limpieza tan profunda que debe de venir de lo alto a través del ministerio continuo de la palabra.
  19. Una nueva cultura de santidad al Señor brota de lo profundo; de corazones que son refrescados en el amor de Cristo, que se han entregado solo a él.
  20. Su santidad se empieza a mostrar, solo por su milagroso poder, en nuestra debilidad y corrupción. De esta forma, las personas pueden ver su hermosura en el mundo hoy; en iglesias agraciadas con santidad.
  21. La resurrección de nuestro Señor nos ofrece un destello, en un hombre, de la futura raza humana redimida. Jesús resucitado es el segundo Adán, un nuevo comienzo. Y quienes somos creyentes, compartimos ahora su novedad de vida: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es»(2 Co 5:17).
  22. Estaremos en su presencia no porque hayamos vencido a nuestro pecado o porque nos hayamos mejorado a nosotros mismos, sino porque Cristo tomó sobre sí todo nuestro pecado y tristeza, a la vez que nos dio sus dulces e infinitas misericordias.
  23. ¡Oh, cómo deberíamos entonces odiar el evangelio de la prosperidad y de su promesa de riqueza terrenal por encima y sobre Jesús! Ese falso evangelio insulta a Dios, poniéndolo como algo de segunda clase, como un útil trampolín hacia un trabajo mejor o una casa más grande. El evangelio de la prosperidad también nos roba, alejando nuestros corazones del único gozo para el que fuimos creados; Dios mismo.
  24. Si no mostramos la belleza de Cristo en la manera en que nos tratamos los unos a los otros, entonces, a los ojos del mundo y a los ojos de nuestros propios hijos, estamos destruyendo la verdad que proclamamos.
  25. La casa de Dios debe ofrecer una alternativa clara y hermosa a la locura de este mundo. En nuestras iglesias, Dios nos llama a alcanzar algo mejor que lo que muchos de nosotros hemos experimentado.
  26. Cuando el evangelio de la gracia de Cristo define tanto la doctrina como la cultura de una iglesia, sus miembros pueden confesar de manera segura el pecado y abandonarlo. Incluso los pecadores «extremos» son maravillosamente perdonados y liberados.
  27. La única verdad que durará más que el universo, la única verdad que puede ayudar ahora mismo a los pecadores y sufrientes, merece ser claramente exhibida. No debemos permitir que nada en nuestras iglesias compita con la gran notoriedad del evangelio.
  28. Por eso nos reunimos, para encarnar juntos la verdad del evangelio, para que la gente se interese por él. Como pilares y baluartes de la verdad, nuestras iglesias son el Plan A de Dios para la redención del mundo, y él no tiene ningún Plan B.
  29. El poder del evangelio crea algo totalmente diferente en el mundo de hoy. Crea iglesias que, tomándolo prestado de John Piper, exaltan a Dios, admiran a Cristo, están llenas del Espíritu, disfrutan de la Biblia, predican la gracia, desafían a las comodidades, abrazan la cruz, asumen riesgos, crucifican el egoísmo, silencian el chisme, están saturadas de oración, piensan en el futuro, se proyectan hacia afuera, y son bellas congregaciones humanas donde los indignos prosperan.
  30. Este es el propósito de la doctrina del evangelio: mostrar a personas débiles e indignas como nosotros una imagen de Cristo en su gracia y gloria . Le perdemos de vista rápidamente, ¿no es así? Todos necesitamos ser expuestos frecuentemente a sus buenas noticias que prevalecen.
  31. Un comentarista escribió: «Nada deleita más el corazón de Dios que la predicación del evangelio de Cristo».
  32. Hoy en día, es raro ver una pasión por la oración como la esencia del ministerio del evangelio. Pero también creo que es fútil forzar a la gente a orar. Nada dará más resultado que un arranque de entusiasmo pero pronto desaparecerá. Conozco tan solo un método infalible para hacer que la iglesia ore, y siga orando, a fin de que el poder de Dios descienda: debemos fracasar. Necesitamos fracasar tan terriblemente, y tan obviamente, que lleguemos a darnos cuenta de cuán confiados estamos en nosotros mismos y no en Dios. Necesitamos quedar conmocionados por el colapso de nuestros mejores métodos. Pero bendito desastre catastrófico, con toda su miseria y vergüenza, ¡si este nos lleva de nuevo a Dios!.
  33. Si de manera notable fallamos en amarnos los unos a los otros, cuando deberíamos parecernos a Jesús, entonces el mundo tiene el derecho a concluir que no sabemos nada de él. Podrían estar equivocados. Podríamos ser verdaderamente cristianos. Pero el mundo acierta al considerar a los cristianos que no aman como no cristianos. El mismo Jesús les dio ese derecho.

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Dios les bendiga.