Movimiento misionero moderno

Durante toda su existencia la Iglesia trabajó en la proclamación del evangelio para el crecimiento de ésta. Desde sus orígenes, e incluso durante los tiempos de persecución, la iglesia se expandía. Posterior a esto sus misioneros se encontraron con las huestes de los bárbaros que avanzaban y los conquistaron antes de que ellos conquistaran al Imperio Occidental. Pasado el siglo décimo, la iglesia y el estado, el papa y el emperador, estaban en lucha por el dominio supremo, y el espíritu misionero decayó, aunque nunca se perdió por completo. A la Reforma le interesaba más trabajar en la purificación y organización de la iglesia, antes que en su extensión. Hemos visto que en la última época de la Reforma se dio el primer paso para cristianizar al mundo pagano, no por los protestantes, sino por los católico romanos. A principios de 1732, los moravos empezaron a establecer misiones extranjeras enviando a Hans Egede a Groenlandia y de inmediato la misma iglesia comenzó a trabajar entre los indios de Estados Unidos, entre los negros de las Indias Occidentales y en los países orientales. En proporción a su pequeño número de miembros en su país, ninguna otra denominación ha sostenido tantas misiones como la Iglesia Morava a través de toda su historia.

El fundador de las misiones modernas de Inglaterra fue William Carey. Trabajó como zapatero, fue autodidacta y llegó a ser ministro bautista en 1789. Frente a una fuerte oposición empezó a insistir en el envío de misioneros al mundo pagano. Un sermón que predicó en 1792, bajo dos títulos: (1) «Emprended grandes cosas para Dios» y (2) «Esperad grandes cosas de Dios», condujo a la organización de la Sociedad Misionera Bautista y al envío de Carey a la India. La Compañía (inglesa) de las Indias Orientales, que entonces gobernaba la India, no le permitió desembarcar, pero halló cabida en Serampore, una colonia danesa cerca de Calcuta. A pesar de que no recibiera educación en su juventud, llegó a ser uno de los principales eruditos del mundo en el sánscrito y otras lenguas orientales. Sus gramáticas y diccionarios aún se usan. Desde 1800 a 1830 fue profesor de literatura oriental en la universidad de Fort William, Calcuta. Murió en 1834 reverenciado por todo el mundo como padre de un gran movimiento misionero. La empresa misionera en Estados Unidos recibió su primera inspiración de la famosa «reunión de oración» llevada a cabo en la universidad Williams, Massachusetts, en 1811. Un grupo de estudiantes se reunió en un campo para orar sobre el tema de misiones. Fue allí desató una tempestad y se refugiaron bajo una parva de heno en el campo, y entonces consagraron sus vidas a la obra de Cristo en el mundo pagano. De esta reunión surgió la Junta Americana de Comisionados para Misiones Extranjeras, que al principio era interdenominacional, pero como otras iglesias formaron sus sociedades propias, pronto llegó a ser la empresa de las iglesias congregacionalistas. La Junta Americana envió cuatro misioneros, dos de ellos fueron a la India. Los otros al Lejano Oriente. Este ejemplo de congregacionalistas y bautistas lo siguieron otras denominaciones, y antes que pasasen muchos años, cada iglesia tenía su propia junta y sus propios misioneros. En la época actual, desde principios del siglo veinte, casi ningún país de la tierra está sin el evangelio. Escuelas cristianas, universidades, hospitales, orfanatorios y otras instituciones filantrópicas se encuentran por todo el mundo pagano, y las entradas anuales de las diferentes juntas ascienden a muchos millones. La característica más prominente en la iglesia de hoy, en la Gran Bretaña y Estados Unidos, es su profundo y amplio interés en las misiones extranjeras.1

La Iglesia en el siglo XX

Durante este siglo la Iglesia debió afrontar un sin fin de desafíos. Dos guerras mundiales, persecuciones internas en los países con aspiraciones comunistas, el ataque del liberalismo teológico que presentaba a Jesús como un simple humano y a los hombres como potencialmente buenos, la teología moderna,  y el mundo perdido a donde aún no llegaba el evangelio.

La primera guerra mundial (1914-1918) obligó a la Iglesia a tomar una postura en cuanto a ésta. Cristianos eran convocados a pelear en ambos bandos, y la Iglesia debía asumir tareas de ayuda en oración y ayuda social por los necesitados que dejó la guerra. Seguida de esto las revoluciones comunistas de Rusia y China. El comunismo, que pretendía erradicar la religión, se vio como una amenaza tal que el papa Pío XI (1922-1939) publicó su Divini Redentoris contra el comunismo. El sector protestante aparecería en escena con un interesante trabajo de evangelismo y capacitación teológica, y con nuevos proponentes teológicos provenientes del mundo liberal como Karl Barth .

Durante la segunda guerra mundial (1939-1945) las devastaciones aumentaron. El progreso del hombre y la “muerte” de Dios, sacaron de manifiesto el potencial del hombre depravado. Más de cincuenta millones de muertos dejó la guerra, guerra que no dejaría indiferente a la Iglesia. El papa Pio XII (1939-1958) trabajó en contra del nazismo y colaboró con la protección y cuidado de judíos después del holocausto. A pesar de todo esto, seminarios como el Seminario Teológico de Moody, el de Dallas, y la Universidad Wheaton, entre muchos otros, comenzaron a capacitar obreros en una mayor proporción con el propósito de llevar el evangelio a otros lugares, y suplir con hombres competentes el servicio requerido en las distintas Iglesias del mundo. Hombres como Billy Graham comenzaron a hacerse conocidos por su rol de evangelistas “exitosos” en tiempos difíciles. La Iglesia también aportó en temas de ayuda social y aceptación social, en un mundo marcado por la indiferencia social y el racismo. Esto provocó que la Iglesia -interdenominacionalmente- buscase, por fines mayores, unirse. El concilio vaticano II, por ejemplo, dentro de sus objetivos tuvo el de lograr una mejor relación con “otras religiones”. Esta tendencia a la unión trajo una cooperación de agrupaciones como la Sociedad Bíblica Americana, Sociedad de Esfuerzo Cristiano, Juventud para Cristo internacional, entre otros. Estos grupos no buscaban ser simplemente una organización, sino que en base a la unidad que disfrutaban en Cristo, pudiesen servir al necesitado.

A pesar de los difíciles desafíos que la Iglesia enfrentó durante este periodo, se puede decir, sin dudas, que Dios siguió cumpliendo su propósito de edificar su Iglesia y continuar haciendo que el evangelio de Jesucristo fuese proclamado.

La Iglesia en el siglo XXI

Procederemos a cerrar la historia de la Iglesia comentando algunos asuntos en relación a la Iglesia en el presente siglo. No lo haremos, sin considerar la realidad de América Latina, y en particular, la de Chile.

Chile albergó a misioneros protestantes que vinieron de distintas partes de América del norte, e incluso algunos de Europa. Si bien, la realidad nacional durante el siglo XX y XXI era mayoritariamente Católica (y se dice que lo sigue siendo), el desarrollo del protestantismo, con el pasar de los años, comenzó a avanzar. Por varias décadas, la Iglesia Evangélica más grande del mundo estuvo ubicada en Chile, esta era la Iglesia Metodista Pentecostal de Jotabeche con 60.000 miembros y la Iglesia que le seguía sólo tenía 15.000. A pesar de todo esto, con el pasar de los años esta cifra llegó a ser despreciable pues su máxima membresía, por lo que se nos dice, llegó a los 650.000 cerca del año 2000. Esto generó que Chile, se convirtiese en el país cuyo sector protestante tiene el más alto porcentaje de pentecostales (90%).

En relación a América Latina, muchos piensan que hay un despertar espiritual que está llevando a este sector del continente desde el Catolicismo al Protestantismo. Sólo para compartir algunas cifras, de los cerca de 500 millones de habitantes que tiene América Latina, 75 millones serían protestantes evangélicos, en su mayoría, de corte pentecostal.

Todos estos números suenan maravillosos, pero el problema es que son sólo números, y el creyente que vive inmerso en esta sociedad tiene la obligación y responsabilidad de meditar en esta realidad preguntándose ¿si esto es así, qué pasa?. A pesar de esto no se debe ignorar el despertar espiritual que muchos están compartiendo en el mundo latino. Como si una reforma soteriológica se estuviese llevando a cabo, cada día, más y más evangélicos protestantes del mundo pentecostal carismático están acercándose a las Escrituras para el desarrollo de su fe. La influencia de los medios de comunicación, y la alta disponibilidad a material de lectura y audio-visual, han sido, sin dudas, instrumentos para el progreso del evangelio.  Sólo Dios sabe lo que se viene en este sector del continente, sea lo que sea, tendrá relación con el cumplimiento del plan de Dios. El Evangelio debe ser proclamado hasta lo último de la tierra, y podemos decir con certeza: ¡Dios cumplirá!.


El Estudio de la Historia de la Iglesia, desde pentecostés hasta hoy, debe llevarnos a la reflexión, y animarnos a considerar que somos parte del puzzle de la historia y que cada uno tiene un papel que jugar en la expansión del reino de Dios.

Sin poner la mirada muy lejos nos damos cuenta que aún hay mucho para hacer. Quizás tenemos el sueño de ir lejos a colaborar en la proclamación del evangelio (a un país lejano), pero no olvidemos que mientras avanzamos hacia allá podemos y debemos ayudar en donde hoy nos encontramos. Puede ser que  nunca lleguemos a donde soñamos ir, pero es nuestra responsabilidad avanzar cumpliendo con la gran comisión, para que después no miremos atrás pensando en que somos deudores a quienes dejamos en el camino. Dios nos ayude, y gracias a Él, pues nos permite ser parte de su perfecto plan y sumar páginas a esta historia, nuestra historia, la historia de la iglesia. A Dios sea la gloria. Amén.

Bibliografía

  1. Hurlbut, Narro, Flower La Historia de la Iglesia Cristiana (Vida, 1952)
  2. Justo L. González Historia del Cristianismo (Unilit, 2003)