El enrejado y la vid es un libro útil, necesario, y de lectura obligatoria para todo ministro. El libro es un viaje de 12 capítulos que busca mostrar la responsabilidad de todo creyente en el cumplimiento de la gran comisión (Hacer discípulos). Desde el liderazgo, hasta el más “simple” de los miembros, todos son responsables de tener una vida invertida en la tarea de hacer más discípulos a la imagen de Cristo. Los autores (Marshall y Payne) usarán de forma precisa y transversal la analogía del enrejado y la vid, para hacernos entender de forma simple, que las estructuras no hacen crecer a la iglesia ni forman discípulos, sino que es el Señor quien lo hace por medio de sus discípulos que tienen como quehacer principal hacer más discípulos, esto es, enseñarle a otros que guarden todas las cosas que el Señor ha mandado.

Comencemos con este resumen que considerará la idea principal por capítulo y algunas citas textuales de éstos indicando la página en la que se encuentran.

1. El enrejado y la vid

¿Por qué este título para el libro? Porque ilustra de forma apropiada la realidad de relación entre los creyentes y las estructuras eclesiásticas administrativas. Un gran enrejado en el patio de la casa no hará que crezca la vid, podría ser de acero, incluso ser capaz de soportar toneladas y aún así, estar vacío. La vid crece debido a un proceso natural en ella, es nutrida y alimentada para poder crecer, y a medida que lo hace entonces requerirá de donde apoyarse. Es ridículo pensar que si invertimos nuestros recursos (de todo tipo) en tener un gran enrejado, entonces la vid crecerá.

«La tarea fundamental de todo ministerio cristiano es la de predicar el evangelio de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo, cuidando que la gente se convierta, cambie y alcance una mayor madurez en ese evangelio» (pág 14).

En esta ilustración del enrejado y la vid, el enrejado representa las estructuras administrativas (con todo lo que implican) y la vid representa a las personas. Trabajar en el enrejado es más atractivo y visible, pero si sólo nos dedicamos a eso la vid se secará. Es difícil encontrar un equilibrio, pero las estructuras existen a causa de la vid y no viceversa. La vid escasea porque faltan hacedores de discípulos, y los discípulos se hacen bautizando y enseñando. Esta tarea es responsabilidad de todo creyente, no de las estructuras, ni exclusiva del liderazgo de la iglesia. Todos debemos cumplir la comisión de nuestro Señor.

“La comisión no trata esencialmente de evangelizar por ahí en algún otro país. Es más bien una comisión que hace de la tarea de hacer discípulos algo que toda la iglesia y discípulo cristiano debería hacer normalmente y de manera prioritaria. La autoridad de Jesús no tiene límites de ningún tipo ーPues toda potestad le es dada en el cielo y en la tierraー. Él es Amo y Señor de mi calle, mis vecinos, mi barrio, mis colegas de trabajo, mi familia, mi ciudad, mi país, y sí, de todo el mundo» (pág 20). Si confiamos en el Señor que nos comisiona invertiremos en la vid, sabiendo que Él tiene todo poder y puede transformar la vida de quienes son ministrados con el evangelio.

2. Nuevo enfoque al ministerio

Lo expuesto en el capítulo anterior nos hace meditar, y desde luego, obliga a cambiar el enfoque de nuestro ministerio. «Las estructuras no hacen crecer el ministerio, así como los enrejados no hacen crecer las vides, y la mayoría de las iglesias necesitan hacer un cambio deliberado: dejar de erigir y mantener estructuras, y dedicarse a formar personas que sean discípulos de Cristo hacedores de discípulos» (pág 23).

En base a lo anterior se entregan 11 consejos útiles:

  1. Enfocarnos en las personas en vez de llevar a cabo programas.
  2. Preparar a personas en vez de llevar a cabo eventos.
  3. Desarrollar a las personas en vez de usarlas: «El riesgo de tener voluntarios dispuestos es que terminamos usándolos y explotándolos, y olvidamos capacitarlos» (pág 26).
  4. Capacitar a nuevos servidores en vez de llenar vacantes.
  5. Ayudar a las personas a avanzar en vez de solucionar problemas.
  6. Desarrollar liderazgo de equipo en vez de aferrarse a los pastores ordenados: «El pensamiento generalizado es que quien debe ejercer todos los ministerios públicos de palabra, sacramento, visitas pastorales, evangelismo, clases de religión en la escuela y otros, es el pastor ordenado de una iglesia. Pero si nuestro objetivo es concentrarnos en capacitar a otros, eso implica ministrar en equipo» (pág 30).
  7. Forjar sociedades pastorales, en vez de concentrarse en la estructura política de la iglesia.
  8. Establecer sistemas locales de capacitación, en vez de depender de otras instituciones dedicadas a ella.
  9. Apuntar a una expansión a largo plazo, en vez de concentrarnos en las presiones inmediatas.
  10. Ocuparse del ministerio en vez de la administración.
  11. Buscar crecimiento del evangelio, en vez del crecimiento de la iglesia: Debemos estar más que dispuestos a «exportar a la gente capacitada en vez de acumularla» (pág 33).

3. Dios ¿qué estás haciendo?

¿Está Dios haciendo su obra? Sí!, lo ha hecho, lo hace, y lo seguirá haciendo a pesar de nosotros. Él es fiel y sigue obrando. Obra por medio de los predicadores del evangelio, los evangelistas. Obra por medio de los pastores y maestros, y obra por medio de todo creyente que ha entendido su responsabilidad.  Sin duda, todo lo anterior es logrado porque la Palabra de Dios es expuesta y enseñada a través de estos “medios” de gracia. No debiera haber tarea más importante que ésta en la vida del creyente: Enseñar a otros a ser como Cristo. En nuestras iglesias debemos procurar el crecimiento de los creyentes, no de las finanzas, cantidad de gente o infraestructura. Es en esto que Dios es glorificado, y eso es lo que Dios respalda.

4. Todos los cristianos deben ser viñadores

Las Escrituras enseñan que el llamamiento al discipulado es el mismo para todos. El Señor no tiene dos clases de discípulos. Y “ser un discípulo es ser un hacedor de discípulos”. (pág 51)

Esta idea de que todos deben trabajar en la tarea de hacer más discípulos a la imagen de Cristo va haciéndose cada vez más nítida. «Dios quiere que todos los cristianos se hablen entre sí con frecuencia, instándose y alentándose a permanecer con Cristo» (pág 55). «Podemos tener distintas maneras de edificar, pero todos somos edificadores» (pág 58).

Si consideramos lo anterior, sin duda, la tarea misionera cobra relevancia. Cuando me refiero a la tarea misionera me refiero al quehacer relacionado con llevar el mensaje del evangelio al perdido.  «Un cristiano sin corazón misionero no es un verdadero cristiano. Este corazón misionero lo mostramos de diferentes formas: orando por los que están perdidos, preocupándonos de que nuestra conducta no ofenda a nadie, conversando del evangelio con amigos (en una cena con invitados), y haciendo todo lo posible por salvar a algunos. Aunque somos libres, somos esclavos sin derechos (1 Cor 4:5; Fil 2:7)» (pág 61).

«La oración por y con personas es un medio por el cual hacemos la obra del Señor. Asimismo el leer la palabra de Dios con otros (amigos, familiares, etc.) de forma regular. La tarea de edificar es de todos, y no sólo de los líderes» (pág 62).

5. Culpa o gracia

Todos pueden y deben hacer la tarea de hacer discípulos. Aunque para algunos, los otros no califiquen, debemos recordar que ministramos por gracia. Como dijo Pablo, todos vosotros sois participantes de la gracia conmigo (Fil 1:7). Debemos recordar esto, pues si no o nos sentiremos culpables e indignos al hacer la obra del ministerio, o miraremos con desprecio a quién según nuestros criterios no «dé el ancho» aunque Dios le quiera usar, perdiéndonos la oportunidad de ser parte de los medios de gracia que Dios quiere usar para con esa persona. No olvides nunca de dónde Dios te sacó, y ministra por gracia. Somos un cuerpo en Cristo en el que todos deben trabajar, y en nuestro servicio o confiamos en la carne, o lo hacemos en la gracia.

Si bien la tarea de hacer discípulos es para todos, los líderes deben poner mayor diligencia en ella ya que “los pastores o ancianos son aquellos que se ocupan de la vid, a los que se les ha dado la responsabilidad de cuidar de la gente y capacitarla para trabajar juntos» (pág 78).

6. La esencia de la capacitación

¿Cómo capacitamos a las personas en base a este esquema colaborativo, y que pone énfasis en hacer más discípulos? «Habrá otros para quienes la capacitación es algo que se hace en un instituto teológico o en un seminario, pero que nunca han pensado que es una actividad que la iglesia local debería realizar» (pág 79).

«En el nuevo testamento, el entrenamiento o capacitación tiene mucho más que ver con la forma de pensar y la vida cristiana, que con aprender ciertas habilidades o competencias. Esto se hace evidente en las epístolas pastorales por las distintas palabras que se usan para traducir este término» (pág 80). Si miramos la Palabra de Dios, Hebreos 5:14 pone énfasis en que el entrenamiento es para alcanzar un tipo de vida, y no habilidades y competencias. Por lo tanto, «un buen entrenamiento bíblico da por resultado una vida santa basada en una enseñanza sana y sanadora» (pág 82).

En este sentido, la transmisión de vida en base a las relaciones interpersonales que permiten formar el carácter en las personas es clave. En cuanto a relación e imitación se puede decir que  «lo importante aquí es que la capacitación no puede ser sino por medio de las relaciones personales. No puede hacerse en una sala de clases a través de una transferencia supuestamente neutra de información. El instructor requiere que su aprendiz no sólo adopte su enseñanza, sino también la forma de vivir que forzosamente fluye de dicha enseñanza» (pág 86). Lo que se quiere decir es que «se aprende por imitación y por instrucción; sin embargo la mejor capacitación debe darse por osmosis. La naturaleza relacional de la capacitación da por resultado que, por osmosis, los aprendices terminen pareciéndose a sus maestros, tal como los hijos se parecen a los padres. … La vida y el ministerio del maestro son un modelo para el aprendiz, no de perfección, sino de deseos de agradar a Dios en envases terrenales» (pág 87).

Por lo tanto, «las capacitaciones requieren del ejemplo, no basta hacer un curso, los alumnos necesitan ver cómo se hace; y necesitan, con enseñanza personal, tutoría y oración para abordar las temáticas espirituales que les permiten llegar a ser capaces de ministrar a otros. Esto toma tiempo y precisa atención personalizada, antes, durante y después de haber realizado cualquier tipo de capacitación estructurada» (pág 87).

7. La capacitación y el crecimiento del evangelio

Ya declaramos que el crecimiento del enrejado no implica el crecimiento de la vid. El progreso del evangelio se ve en las personas y no en las estructuras.

Una actitud generosa que piensa en pro de la obra global de Dios será de mucha ayuda, pues muchas veces debemos estar dispuestos a dejar ir de lo mejor que tenemos para el progreso del evangelio. Debemos anhelar en otros el progreso del evangelio, su crecimiento y desarrollo en pro de la obra y no del beneficio personal.

«Cuando usamos la palabra capacitar, lo hacemos para describir el crecimiento que se produce en los creyentes en su convicción, carácter y capacidad, que les permite ministrar a otros con amor y llevarles la palabra de Dios, ya sea a los no creyentes durante la etapa de acercamiento, a los nuevos cristianos durante el seguimiento, o a todos los demás cristianos durante el proceso de crecimiento diario» (pág 97).

Declaramos entonces que «la capacitación es el motor que hace posible el crecimiento del evangelio.  Y para que haya más crecimiento del evangelio, es necesario capacitar a más cristianos maduros y reverentes para la obra en la vid; es decir, que hay que preparar, dotar y alentar a  más personas para que, con oración, compartan la Palabra con otros, ya sea en actividades de acercamiento, de seguimiento o de apoyo para el crecimiento de algún cristiano» (pág 104). Necesitamos de sana capacitación para el crecimiento y progreso del evangelio.

8. ¿Por qué el sermón del domingo es necesario pero no suficiente?

La respuesta a esta pregunta busca dejar de manifiesto que la capacitación considera el sermón del domingo, pero no se limita sólo a eso. «Decir que los sermones (como exposiciones bíblicas durante el culto del domingo) son necesarios pero no suficientes, es sencillamente hacer hincapié en la verdad teológica de que lo suficiente aquí es la palabra de evangelio, y no la forma en particular en que ésta es entregada» (pág 117). El quehacer pastoral se verá supeditado a las expectativas y demandas de la congregación a la que se ministra. Considerando esto, el pastor puede ser visto como:

  1. Un clérigo proveedor de servicios
  2. Un gerente general
  3. Un capacitador

Creemos que el pastor debe ser ante todo un capacitador, tanto en lo público ーcon el sermón del domingoー, como en lo privado, es decir, con los hermanos en distintas instancias de comunión durante la semana. Además debe priorizar la capacitación de sus colaboradores.

9. Multiplicar el crecimiento del evangelio al capacitar a los colaboradores

Capacitar a los colaboradores permite distribuir la carga de trabajo y «hacer más» en pro del progreso del evangelio. Para lograrlo se debe velar por un ministerio proactivo y no reactivo.

«Un ministerio reactivo genera que: Si ocupamos nuestro tiempo en quienes necesitan ayuda, los cristianos estables se irán estancando y nunca recibirán capacitación para ministrar a otros, los no creyentes se quedarán sin ser evangelizados y muy pronto surgirá dentro de la congregación una regla general: si quieres contar con el tiempo y la atención del pastor, búscate un problema. Entonces en vez de que el ministerio se enfoque en el evangelio y en que la congregación crezca en santidad, se dirige a solucionar problemas y a aconsejar. Y, con el paso del tiempo, la vid se seca» (pág 127).

El pastor se verá más tentado a ministrar de forma reactiva si trata de hacer todo solo. «Un pastor no puede ni debe intentar la tarea de ministrar a una congregación sin la ayuda de otros» (pág 132). Por lo que necesitamos contar con colaboradores, y éstos, rara vez «caerán del cielo», por lo que debemos reclutarlos.

«Reclutar y capacitar a un grupo pequeño de colaboradores es el primer paso, para después ir reclutando y capacitando para hacer viñadores a todos los demás cristianos. No puedes ministrar y capacitar de manera personal a 130 personas, pero sí puedes empezar con diez; y esos diez pueden trabajar a tu lado, no sólo ministrando individualmente a otros, sino también capacitándoles, para que ellos a su vez ministren a otros» (pág 142). De esta forma es como la capacitación juega un rol fundamental en el crecimiento y expansión del evangelio.

10. Personas a las que vale la pena observar

La pregunta que surge es ¿debemos nosotros reclutar a otros?¿no hace eso Dios? La forma correcta de atender a esto es preguntarse «¿Por qué medio, o por medio de quién, Dios llama y levanta a la nueva generación de evangelistas? Dios lo hace usando a pastores que se dedican a reclutar personas idóneas dentro de sus iglesias y a desafiarlas a pasar sus vidas trabajando para el evangelio (2 Tim 2:2)» (pág. 148).

Pero entonces, ¿no debemos esperar a que la persona tenga su llamado interior antes de reclutarlo? Si es así ¿por qué reclutarlo?¿no debiera llegar solo al servicio, quizás incluso ofreciéndose? En cuanto al llamado interior «la Biblia no se expresa en esos términos. Por más que busquemos, no encontramos ningún ejemplo o concepto de un llamado interior al ministerio. A algunos, Dios los llama de forma directa y espectacular (como Moisés y Elías), pero no tiene nada que ver con percibir algún sentimiento interior. Prácticamente, en todo el Nuevo Testamento, son otros ancianos, líderes o pastores los que reconocen o “designan” a trabajadores para el evangelio. Así como en cierto modo fueron los ancianos los que comisionaron a Timoteo (1Tim 4:14), así también él habría de confiar el evangelio a otros líderes dignos de confianza que continuarían con la obra (2 Tim 2:2). Del mismo modo, Pablo le dio a Tito la responsabilidad de ministrar en Creta y, con el tiempo, Tito habría de designar a ancianos/obispos en todos los pueblos que visitaba (Tito 1 5-9)» (pág. 154).

Por lo tanto «no debemos sentarnos a esperar hasta que la gente «sienta el llamado» a trabajar en el evangelio, como tampoco podemos sentarnos a esperar hasta que se conviertan en discípulos de Cristo. Debemos ser proactivos al buscar, desafiando y poniendo a prueba a personas idóneas que puedan ser designadas para la obra del evangelio» (pág 155). De esta manera colaboramos en la «mantención» de ministros y personas competentes para la tarea del ministerio de la palabra.

«Si el ministerio de la palabra desapareciera también lo haría el cristianismo. El ministerio de la enseñanza y predicación cristianas es una ocupación para toda la vida porque no es posible enseñar sin primero prepararse para ello, y la preparación toma tiempo» (pág. 158).

Todos tenemos parte en esto, y ya más de una vez se ha dicho que todos debemos trabajar en la formación de más y mejores discípulos. Entender nuestra identidad y propósito es clave en este asunto. «Mi principal identidad como cristiano no es ser un buen contador o un excelente carpintero, sino ser un discípulo que hace discípulos del Señor Jesucristo. Y no tiene ninguna importancia si para ganarme la vida como discípulo que hace discípulos trabajo con mis manos o dependo del apoyo económico de otros porque las exigencias propias del tipo de discipulado que hago así lo ameritan. Lo importante es que todos somos hacedores de discípulos» (pág 162).

Como ya se mencionó los líderes no sólo son responsables de capacitar a los colaboradores sino también de reclutarlos, por lo tanto, deben estar atentos a las personas que Dios va poniendo delante de ellos, pues han sido capacitados con distintos dones para la obra del ministerio. Así que, debemos ser «cazatalentos», pensando en que los líderes forman líderes:  «Si la actual generación de pastores y ministros es responsable de llamar, escoger y apartar a la próxima generación, debemos estar en una búsqueda permanente de personas que cuenten con dones e integridad para predicar la Palabra y pastorear al pueblo de Dios. Y en nuestras iglesias hay personas con talentos increíbles para el ministerio: personas con extraordinarios dones para liderar, comunicar y administrar; personas con visión, energía, inteligencia y espíritu emprendedor; personas sociables que pueden entender y articular ideas de manera persuasiva. Si estas personas son también siervas devotas de Cristo y anhelan su reino, entonces ¿por qué no reclutarlas para formar parte del reconocido ministerio del evangelio?» (pág 162).

11. Aprendizaje en el ministerio

Tener un programa de capacitación ministerial para nuestros reclutados, antes de considerar estudios formales de teología, puede ser de gran ayuda. La idea es reclutar a la gente que vale la pena observar, formarles en aspectos prácticos del ministerio y luego enviarles a estudiar formalmente para la obra del ministerio.

«Quienquiera que sea la persona que reclutes, hay una difícil verdad que enfrentar: llamar a ciertas personas para el ministerio, capacitarlas como aprendices, y enviarlas a algún instituto bíblico, significará que con toda certeza cada vez que lo hagas tendrás que despedirte de los miembros más estables y dotados de tu congregación. Este esquema es un sistema que permite capacitar discípulos que salen a hacer más discípulos» (pág. 175). Una vez más enfatizamos que para cumplir con lo anterior se debe mirar la obra de Dios de manera global y no simplemente local. Quizás tu mejor elemento en la iglesia, en quién más has invertido, salga a expandir el reino de Dios a otro lugar, la actitud correcta debiera ser gozarse y apoyar ーincluso con más que sólo oración.

12. Para empezar

Hemos llegado ya al final de nuestro viaje y terminaremos, en base a lo expuesto, señalando los postulados base y sugiriendo algunos pasos a seguir para los líderes que quieran corregir y mejorar su perspectiva con respecto a nuestra misión de hacer más discípulos a la imagen de Cristo.

Postulados base

  1. Nuestro objetivo es hacer discípulos.
  2. Las iglesias tienden a institucionalizar, tal como las chispas tienden a volar.
  3. El centro del discipulado es enseñar con oración.
  4. El objetivo de todo ministerio, no sólo de la obra personalizada, es criar discípulos.
  5. Ser un discípulo es ser un hacedor de discípulos.
  6. Los hacedores de discípulos necesitan ser capacitados y equipados en convicción, carácter y competencias.
  7. Hay sólo un tipo de discípulos, sin importar qué roles o responsabilidades desempeñen.
  8. La gran comisión, con su mandato a hacer discípulos, debería hacernos reflexionar en nuestro concepto de las reuniones dominicales y del lugar que debería ocupar la capacitación en la vida de una congregación.
  9. La capacitación casi siempre empieza desde abajo y crece con la multiplicación de los trabajadores.
  10. Debemos desafiar y reclutar a la nueva generación de pastores, maestros y evangelistas.

Pasos a seguir

  1. Establece qué camino seguirás en la reunión del domingo.
  2. Trabaja muy de cerca con tus ancianos o tu consejo.
  3. Empieza a formar un nuevo equipo de colaboradores.
  4. Decide con tus colaboradores qué harán para hacer crecer el discipulado de acuerdo a tu caso particular.
  5. Lleva a cabo algunos programas de capacitación.
  6. Está pendiente de las «personas que vale la pena observar».

Espero que este resumen te sea de bendición y utilidad para tu ministerio. Considero más que necesario que todo líder cristiano lea este libro completo con el propósito de aprender, y en algunos casos quizás recordar, qué es lo que Dios quiere que hagamos y cómo podemos hacerlo. Es mi oración que puedas ser un discípulo que haga discípulos a la imagen de Cristo. Amén.