A continuación compartiré 33 citas de este excelente libro de David Helm y el ministerio 9 Marks, que recomiendo a todo predicador.

  1. Charles Simeon definió su convicción acerca de la exposición bíblica de la siguiente manera: Mi esfuerzo consiste en sacar de la Escritura lo que está ahí, y no meter lo que pienso que podría estar ahí. Tengo un gran celo en esta cabeza; nunca hablar más o menos de lo que creo que es la mente del Espíritu en el pasaje que estoy exponiendo.
  2. Toda buena predicación debiese: (1) Humillar al pecador; (2) Exaltar al Salvador; (3) Promover la santidad.
  3. La predicación expositiva es la predicación poderosa que somete correctamente la forma y el énfasis del sermón a la forma y el énfasis del texto bíblico. De este modo, extrae del texto lo que el Espíritu Santo puso allí—como dijo Simeon— y no pone en el texto lo que el predicador piensa que podría estar allí.
  4. La contextualización en la predicación es comunicar el mensaje del evangelio en formas que sean comprensibles o apropiadas en el contexto cultural del oyente.
  5. (Pero) El predicador está destinado a errar en el blanco de la exposición bíblica, cuando permite que el contexto que está tratando de ganar para Cristo controle la Palabra que habla de Cristo.
  6. Si te adhieres ciegamente a la contextualización puedes caer en la predicación impresionista. Es fácil dejar que un enfoque impresionista domine tu estudio y preparación para la predicación. Especialmente, si eres intrínsecamente cool —a la moda—, o estás intentando serlo, este enfoque puede convertirse en la cocaína que esnifas en privado.
  7. Debes evitar la predicación ebria, pues algunos predicadores usan la Biblia de la manera que un borracho usa una farola…más para apoyo que para iluminación.
  8. En la predicación ebria imponemos nuestras más profundas pasiones, planes y perspectivas sobre el texto bíblico. Cuando hacemos esto, la Biblia se convierte en poco más que un apoyo  para lo que queremos decir.
  9. Las únicas preguntas restantes que debía responder antes de subir al púlpito esa semana eran: ¿Quién será el rey?¿Yo o el texto bíblico?¿Reinaría yo sobre él esta semana, o él me gobernaría?¿Me apoyaría en la Biblia para mis propósitos y planes, o me sometería a ella, permitiendo que la iluminación del Espíritu Santo hiciera su obra con mi gente?
  10. No somos libres para hacer lo que queramos con la Biblia. Ella es soberana. Ella debe ganar. Siempre.
  11. Confundimos «Así dice el Señor» con «Así me ha dicho». Pedimos a nuestras congregaciones que confíen en nosotros en vez de confiar en la palabra.
  12. Con esfuerzo y la guía del Espíritu es posible para el predicador «interpretar correctamente el texto» y «hacerlo entendible».
  13. Conocer los contextos históricos y literarios puede cambiar todo para ti. Los buenos expositores bíblicos permiten que estos contextos controlen el significado del texto. Por tanto, lo primero que deberías hacer es comenzar a leer los versículos y los capítulos que están en ambos lados de tu texto.
  14. Si sabemos de qué se trata el libro entero, podemos manejar mejor cada pasaje individual.
  15. Cuando se trata de predicación podemos decir que cada texto tiene una estructura. La estructura revela el énfasis. Mi sermón debiera someterse a la estructura (forma) y énfasis del texto.
  16. Para la mayoría de nosotros este es nuestro problema. Subimos al púlpito sin comprender la estructura esquelética del texto. Como resultado, no tenemos muy claro el significado del texto, y cuando nos bajamos del púlpito, nuestra gente no está en un mejor estado.
  17. No tomarías un periódico y lo leerías con las mismas herramientas que usarías para leer un poema. No leerías una novela como leerías una receta. Y no deberías leer cada libro de la Biblia de la misma forma tampoco.
  18. La Biblia tiene diferentes géneros: Narrativa, Antiguo Testamento, Profecía, Lenguaje apocalíptico, Sabiduría y Poesía, Las epístolas, Los evangelios, Los Hechos.
  19. Cuídate de la predicación intelectual. Esta ocurre cuando conviertes  a la primera audiencia en tu preocupación final. Es lo que pasa cuando tomas un texto profundamente relevante y lo haces irrelevante escribiendo sermones que parecen un comentario académico. Haces el trabajo de la exégesis, pero te detienes. Terminas con discursos aburridos, inefectivos, y llenos de notas al pie de página.
  20. Si no consideramos el contexto del evangelio de la Biblia en su conjunto, incluso los imperativos con buena exégesis se convierten en moralismo. Y esto fomenta una cultura legalista en nuestras iglesias.
  21. La reflexión teológica en términos simples, es una disciplina rigurosa y llena de oración que implica tomarse el tiempo para meditar en mi texto y ver cómo se relaciona con el plan de redención de Dios.
  22. El evangelio —al menos para Jesús— se encuentra en todas partes de la Biblia. Es lo que mantiene a la Biblia unida, y debiera instruirnos sobre cómo debemos acercarnos a ella.
  23. Esta cuestión de la reflexión teológica debe comenzar con la oración. Es decir, el trabajo de la reflexión teológica solo puede hacerse a través de la oración. Hay una íntima conexión entre la revelación de la identidad de Cristo —verle como el cumplimiento de las Escrituras— y los momentos de calmada oración.
  24. La disciplina de la teología bíblica ofrece a los predicadores ciertos beneficios. Previene de la predicación que es meramente intelectual o moralista. Para poner esto positivamente, la teología bíblica te lleva —legítimamente— al corazón del evangelio cristiano desde textos particulares de la Biblia. Mantiene lo principal como lo principal.
  25. Nuestra tarea es encontrar una manera de llevar el mensaje inmutable de Dios a un mundo casi vacío de categorías bíblicas y lleno de confusión teológica.
  26. De vez en cuando recuerdo: ¡Lo que importa es la gente! Y si aquellos que específicamente desean predicar la Palabra, no poseen un corazón dedicado a las personas del mundo, no se les debería permitir permanecer regularmente en el atril de la predicación.
  27. Cada expositor bíblico que conozco lleva dentro de sí la convicción fija de que la Palabra de Dios crea y sostiene al pueblo de Dios, su Iglesia.
  28. Los expositores especialmente deben ser muy conscientes de que necesitan una audiencia con Dios. Solo él puede cumplir la magnitud de la labor que tenemos por delante. Necesitamos traer toda nuestra preparación del sermón ante Dios en oración.
  29. Por experiencia, sabemos lo que significa poner nuestros rostros en el suelo y suplicar a Dios para que haga la obra que nuestros mejores esfuerzos de predicación no pueden conseguir. Oramos antes de la predicación. Oramos en el acto de la predicación. Oramos incluso después de haber terminado nuestra predicación.
  30. El papel que desempeña el Espíritu Santo en dar a luz iglesias a través de la Palabra de Dios y en desafiar la supremacía de todos los ciudadanos y las culturas es indispensable.
  31. Aunque tenemos una generación de predicadores entusiastas y emergentes en el panorama actual, muchos todavía tienen que aprender el arte de organizar su material de manera clara y concisa.
  32. Debemos apuntar al corazón de nuestros oyentes. Nuestra predicación nunca debería conformarse con aplicaciones que simplemente comparten cómo uno piensa o lo que uno hace. Una aplicación completa al corazón: (1) Tendrá como objetivo decidido un arrepentimiento de corazón; (2) Estará arraigada en un corazón de oración; (3)Procederá de un conocimiento del corazón; (4) Surgirá del texto bíblico.
  33. Los mejores expositores bíblicos, aunque están inmensamente pendientes del hoy, no obstante, hacen todo su trabajo del sermón —ya sea la exégesis, la reflexión teológica o la contextualización— a la luz del día (ese día cuando Jesús regrese, cuando todas las cosas sean reveladas, incluyendo las motivaciones del corazón del predicador). Que tu conocimiento de ese día te ayude a permanecer en oración y fiel, dejando la abundancia de los frutos en las manos de Dios.

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Agradezco a mi amigo Mariano Proto por compartirme hace 3 años este valioso libro de estudio.

Dios les bendiga.