Si queremos estudiar liderazgo, lo primero que debemos hacer es deshacernos del estereotipo de líder que tenemos en nuestra cabeza. Cuando se habla de liderazgo se nos viene a la mente un concepto de líder ya construido, pensando muchas veces en lo siguiente: “el líder es un hombre exitoso, ejemplar, un modelo a seguir que no tiene problemas, no necesita de nadie, y rara vez se equivoca, y si llegase a hacerlo se levantará airoso y continuará cosechando éxitos”. A veces pensamos así incluso de los líderes de la Biblia. En relación a esto se puede mencionar a Jefté. La idealización de liderazgo ha llevado a muchos a pensar que por ningún motivo un hombre de fe como él pudo haber matado a su hija, pero aparentemente no fue así. Si miramos en la Escritura a los grandes líderes de forma objetiva, encontraremos que eran hombres comunes y corrientes, con luchas, fallas, debilidades, y muy pocas virtudes. La diferencia siempre la hizo Dios trabajando por medio de su gracia y misericordia en sus vidas.

Los líderes que Dios escoge son hombres comunes y corrientes, como tú y yo, y que si tienen una virtud y logran hacer algo bueno, es única y exclusivamente por la gracia de Dios. Si no entiendes esto tendrás serios conflictos con el liderazgo tuyo y de otros.

¿Por qué se necesitan líderes?

Porque necesitamos que se cumpla la función de liderar la obra del ministerio que el Señor nos encomendó como iglesia, es decir, “vayan, prediquen y hagan discípulos”. Tenemos el privilegio de entrar al ministerio y liderar, ya que el ministerio necesita de personas que en actitud y disposición de servicio guíen a otras a cumplir la obra del ministerio según el don que cada uno ha recibido. Dios lo dispuso de esta manera. Quiero aclarar que es mi convicción que Dios no me necesita (a ti tampoco), pero me concede el privilegio de servirle. 

¿Qué es el ministerio?

Para avanzar con el tema del liderazgo debemos definir qué es el ministerio. Warren Wiersbe lo define de la siguiente manera:

“Es cuando los recursos divinos satisfacen las necesidades humanas por medio de canales amorosos para la gloria de Dios”.

De la declaración anterior se puede concluir que el ministerio proviene de Dios, atiende las necesidades humanas, el amor es el motivador, y su fin cúlmine es la propia gloria de Dios. No hay problema en ver el ministerio como expresión sinónima de servicio a Dios, pero enmarcaremos el quehacer ministerial bajo el amparo de la iglesia local. Los líderes son los responsables ante Dios no sólo de cumplir su propio ministerio, sino de hacer que la congregación cumpla también el suyo.

6 Consideraciones para llevar a cabo un ministerio que glorifique a Dios

1. Todo ministerio tiene y debe ser para la gloria de Dios.

Todo debe ser hecho para la gloria de Dios (1 Cor 10:31, Is 42:8). No caigas en la tentación de querer robarle la gloria a Dios, eso es característica de los soberbios a quienes Dios resiste (Stg 4:6, 1 Ped 5:5). Debemos entender que Dios es el que hace por medio de nosotros:

  • El regenera (2 Cor 5:17)
  • El prepara buenas obras (Ef 2:10)
  • El produce el querer como el hacer (Fil 2:13)

Si entendemos que el cumplir los propósitos de Dios es algo que da gloria a Dios, el propósito de tu liderazgo debe ser llevar a aquellos que te han sido encomendados a ser cada vez más semejantes a nuestro Señor JesucristoNuestro propósito es trabajar en llevar a las personas a la semejanza a Cristo, por medio de la enseñanza de la palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo. No se trata de nuestras capacidades. Debemos tener cuidado con qué vara medimos el éxito del ministerio ya que tenemos la mala tendencia a hacerlo en relación a los números y al reconocimiento público de nuestras habilidades.

2. El cumplimiento de la gran comisión glorifica a Dios

Si tuviésemos que hablar de un ministerio principal sin duda debemos considerar el ministerio de alcanzar a otros por medio del evangelio y hacer discípulos . La salvación de almas glorifica a Dios, más aún, el beneficio principal de tu propia salvación es la gloria a Dios (Rom 5:2; 2 Cor 1:12-14; 2 Cor 4:3-6), así como también lo hace la tarea de formar discípulos a la imagen de Cristo (Mt 28:18-20).

“Alcanzar a los perdidos y hacer discípulos es una labor que honra y glorifica a Dios”

3. Dios requiere fidelidad antes que “resultados”

Dios busca fidelidad antes que resultados. “Dios está más interesado en que seamos algo más que hagamos o produzcamos algo” (1 Cor 4:2)Es fácil caer en un activismo religioso y dejar de ser fiel a Dios en pro de resultados aparentes. Si somos fieles a Dios y su Palabra, con toda probabilidad habrá resultados permanentes en vez de aparentes.

4. El ministerio debe ser Teo-céntrico y no Homo-céntrico

Hoy luchamos con satisfacer los deseos y necesidades del hombre en las congregaciones en contraposición a presentar con claridad al Dios Santo que cambia vidas. La idea de hacer que el hombre se sienta cómodo, valorado, e integrado en las congregaciones evangélicas, es algo que ha contaminado incluso el evangelismo como tal, y no se detiene allí, sino que también ha invadido la predicación desde el púlpito, enfatizando en sobre manera al hombre, su situación, cómo ser feliz, cómo sentirse mejor, etc. Vemos en el ejemplo de Isaías en el capítulo 6, o la conversión de Pablo en Hechos 9 que es el contemplar a Dios lo que cambia las vidas. Cuando veas a Dios como realmente es, te verás a ti como realmente eres, y lo perdido y necesitado que estás”. Lo que pasa hoy, es que en muchos lugares el menos glorificado en los cultos de adoración pareciera ser el propio Dios, una pregunta para hacerse es: ¿a quién se glorifica entonces?

5. Usa métodos bíblicos

Todos nos esforzamos por usar métodos bíblicos pero luchamos con una mochila muy pesada llamada tradición, y una cultura liberal y pragmática que nos acosa constantemente. Tú y la gente bajo tu liderazgo deben entender por qué se hace lo que se hace de la forma que se hace, y evaluar si se debe conservar, modificar, o eliminar. Somos llamados a confiar en Dios y no en los métodos tradicionales (o de moda) que creemos que hacen la obra de Dios.

“Puedes usar cualquier método que no infrinja un mandamiento de Dios ni viole los principios bíblicos de conducta y piedad para con otros. Ten cuidado de no depositar tu confianza en el método. ¡Es Dios el que cambia las vidas! Un buen consejo es que uses el método que procure exaltar más el nombre de Dios y las Escrituras, pues eso es lo que Dios hace(Sal 138:2). Que los demás puedan ver que confías en Dios y en su Palabra. No olvides que todo debe ser hecho para la gloria de Dios y no del hombre.

6. El poder es de Dios y no del hombre

Sólo Dios produce vidas regeneradas. Hombres con distintas metodologías (producto de su teología) a lo largo de la historia han sido usados por Dios, como por ejemplo Spurgeon y Wesley. Esto demuestra que es Dios el que transforma las vidas y hace su obra con quien quiere. No es el hombre el que produce los frutos del ministerio sino Dios por medio de su Palabra y el obrar de su Santo Espíritu (1 Ped 1:23; 2 Cor 5:17; Col 3:9-10).

Será en este ministerio, uno que glorifique a Dios, en donde insertaremos la figura del líder bíblico. También debo aclarar que cuando nos referimos a líderes bíblicos estamos pensando en hombres que sirven liderando en la iglesia local guiándola a realizar el ministerio que glorifica a Dios.

Bibliografía

  • Ronald L. Self, Dirección y administración de la iglesia -Apuntes para el alumno-, 2014. (Gran parte de la estructura ha sido tomada de este excelente material. Y ha sido usado con permiso)
  • Warren W. Wiersbe, Llamados a ser siervos de Dios (Portavoz, 2002)
  • Warren W. Wiersbe, Llamados a ser líderes de Dios (Portavoz, 2012)
  • Gene A. Getz, Principios del liderazgo de la iglesia (Editorial Moody, 2007)
  • Jonathan Leeman, La membresía de la iglesia (9 Marks, 2013)
  • Jeramie Rinne, Los ancianos de la iglesia (9 Marks, 2015)
  • Mark Dever & Paul Alexander, La iglesia deliberante (Faro de Gracia, 2008)