Continuaremos con este periodo de la historia complementando el artículo anterior con información general asociada a (1) Las cruzadas, (2) Los monasterios, (2) El desarrollo cultural, y (4) La caída de Constantinopla, evento con el que finaliza el periodo de la Iglesia Medieval [476-1453].

Las Cruzadas

Se ejecutaron por iniciativa y bajo el mando de la iglesia católica, abarcando del siglo XI al siglo XIV. Jerusalén, denominada Tierra Santa, se encontraba bajo dominio musulmán y el peregrinaje de muchos durante el siglo XI terminó en la muerte, haciendo que la iglesia tomase la iniciativa de recuperarla, por medio de las cruzadas.

Se ejecutaron un total de ocho cruzadas (destacadas). La primera cruzada fue ideada por el papa Urbano II en el 1095, durante el concilio de Clermont. Se inspiró a una gran multitud de caballeros que tomaron la insignia de la cruz, para levantarse en armas en contra de los musulmanes. Se dice que doscientos setenta y cinco mil de los mejores guerreros de Europa conducidos por Godofredo de Bouillon tomaron posesión de Jerusalén y gran parte de Palestina en 1099. Esto llevó a que en Jerusalén se estableciese “un reino feudal” que duró hasta 1187, siempre rodeado de enemigos.

La segunda cruzada (1144 -1148) fue producto del acoso de los musulmanes en las provincias aledañas a Jerusalén, lo que generó que Francia y Alemania respondiesen en armas, y aunque no lograron retomar posesión de lo perdido, lograron postergar la toma de Jerusalén por aproximadamente una generación más.

La tercera cruzada fue motivada por la toma de Jerusalén a manos de los musulmanes. Esta cruzada duró de 1189 a 1191 sin lograr retomar la ciudad, los esfuerzos de Francia, Alemania, y ahora Inglaterra, fueron estériles. El fruto de esto fue que se concertó un tratado con Saladino, por medio del cual los peregrinos cristianos obtuvieron el derecho de visitar el Santo Sepulcro sin ser molestados.

La cuarta cruzada (1201 – 1204) fue un completo fracaso. Los caballeros cruzados desistieron de los intentos por recuperar Tierra Santa, e hicieron guerra contra Constantinopla, tomándola por cincuenta años.

La quinta cruzada (1217 – 1222) fue liderada por el rey de Hungría,  y tenía el propósito de atacar a los musulmanes en Egipto y Siria, pero no tuvo éxito alguno.

La sexta cruzada (1228 – 1229) consistió en que el emperador del Santo Imperio Romano (Federico II) condujo un ejército a Palestina y obtuvo un tratado por el cual cedieron Jerusalén, Jafa, Belén y Nazaret a los cristianos. Federico II se auto-coronó rey en Jerusalén, por lo que el título de rey de Jerusalén sería usado por los emperadores germanos y de Austria hasta 1835. Pero en 1244. Jerusalén volvió a pasar a manos de los musulmanes.

La séptima cruzada (1248 – 1254) fue otro intento fallido de parte Luis IX , rey de Francia,  por tratar de recuperar Tierra Santa. Luis IX volvería a intentarlo en La octava cruzada (1270 – 1272) junto al príncipe de Inglaterra con quien volvieron a fracasar. A esta se le llama la última cruzada.

Todo esto enseña sobre el constante afán de la iglesia por tratar de recuperar Tierra Santa de manos de los musulmanes y su respectivo fracaso a través de la historia. Está dinámica también condicionó a futuro que a toda batalla emprendida en favor de la iglesia se le llamara cruzada. Las causas del fracaso apuntan a un liderazgo dividido, sin visión y poco competente.

Como saldo a favor se observó que al concluir este periodo, el gobierno turco protegía a los peregrinos cristianos y la persecución cesó. Europa estaba preocupada por el progreso del islam, incluso España se levantó en guerra –contra los moros que tenían la mitad de la península– ganando y expulsando a los musulmanes del país en 1492. Esto motivó a otros a ser parte en la tarea de frenar al imperio turco, por lo que comenzarían iniciativas de batallas y alianzas. Esto generó unidad y progreso en el continente Europeo, se impulsó el comercio, las alianzas estratégicas, se difundió en occidente el conocimiento oriental en distintas disciplinas. Surgió una clase media entre los señores y los vasallos, y las ciudades progresaron, convirtiéndose en centros de libertad y reformas.

Al principio de las cruzadas el poder eclesiástico iba en aumento, la iglesia convocaba las guerras, y enviaba a pelear a príncipes y reyes. La iglesia comenzó a comprar las tierras de los caballeros cruzados a cambio de dinero y se hizo rica. Sin un dominio de un rey o emperador, el papa y la iglesia tomaron protagonismo, pero al final, la vasta riqueza, la arrogante ambición del clero, el abuso del poder, el cuestionamiento social, y el desarrollo de las naciones como tales, prepararon el camino para el levantamiento en contra de la Iglesia Católica Romana durante La Reforma.

Los Monasterios

Como bien se señaló en el artículo anterior, el monacato tuvo su apogeo durante este periodo. En la Edad Media hubo un gran desarrollo del espíritu monástico, tanto en hombres como mujeres. Los monjes aumentaron en gran manera influenciando, tanto positiva como negativamente. Si en oriente los ascetas vivían en soledad, en occidente vivían apartados en comunidad, lo que requirió establecer sistemas de gobierno. En Europa se habla de cuatro órdenes:

  • Los Benedictinos: Fundada por Benedicto en 529, en Monte Casino. Llegó a ser la mayor de las órdenes, sus reglas requerían obediencia al superior, la renuncia a bienes, y la castidad personal. Era una orden de trabajo “industrial” y “evangelización”.
  • Los Cistercienses: La orden de Cister surgió en 1098, procurando fortalecer la disciplina benedictina que se estaba corrompiendo. Su nombre viene de Citeaux, en Francia, donde San Roberto la fundó. Pero, en 1112, San Bernardo de Claraval la fortaleció y reorganizó. Los cistercienses prestaron gran atención al arte, la arquitectura y, en especial, a la literatura copiando libros antiguos y escribiendo muchos nuevos.
  • Los Franciscanos: Fundada por Francisco de Asís 1209, se dice de él, que fue uno de los hombres más santos y devotos. Fue una de la órdenes más numerosas, se expandió desde Italia al resto del mundo. Fueron de gran ayuda social, y en particular durante el periodo de la peste negra.
  • Los Dominicos: Fundada por Domingo en 1215. Su gran distinción era su “empresa” de predicación y ataque en contra de la herejías. A éstos y a los franciscanos se les llamaba mendicantes porque iban puerta a puerta pidiendo dinero para su sostenimiento.

Hombres y mujeres piadosas, participaron de distintas órdenes monásticas. A continuación algunos de sus beneficios:

  • Los monasterios fueron refugios de paz en tiempos de guerra.
  • Los monasterios daban atención a los pobres y enfermos.
  • Los monasterios eran lugares de protección para mujeres y niños indefensos.
  • Los monasterios promovieron labores de agricultura, saneamiento, atención social, y construcción entre otros.
  • Los monasterios aportaron mucho en literatura, tanto en preservación, como en producción.
  • La mayoría de las universidades y escuelas surgieron de los monasterios, y sus maestros.
  • Los primeros “misioneros” son de escuelas monásticas, como por ejemplo Agustín.

Por otro lado consideraremos algunos de sus perjuicios, particularmente durante la época de su declive:

  • El monacato presentaba la vida célibe como un estándar superior.
  • El monacato captó a algunos de los mejores exponentes de la época, y esto perjudicó a la sociedad.
  • El aumento de las riquezas condujo a la indisciplina, ocio, y perversión.
  • Pasaron de ser una institución de prestigio a una institución de inmoralidad, con esto su extinción estaba sentenciada, y comenzaron a “desaparecer” en el siglo XVI.

Desarrollo Cultural

Como se señaló, durante la Edad Media surgieron casi todas las grandes universidades. En su mayoría, establecidas por eclesiásticos, que se desarrollaron de escuelas primitivas vinculadas con catedrales y monasterios. Entre estas puede mencionarse la Universidad de París, que en el siglo once bajo Abelardo, tenía treinta mil estudiantes. Las universidades de Oxford, Cambridge y Bolonia, a las que asistían estudiantes de todos los países de Europa. Las grandes catedrales de Europa, esas maravillas de arquitectura gótica que el mundo moderno contempla, sin poder superar ni siquiera igualar, se trazaron y construyeron durante el período medieval. El despertar de la literatura empezó en Italia con La divina comedia de Dante, que se inició alrededor de 1303. A esta le siguieron los escritos de Petrarca (1340) y Bocacio (1360). En el mismo país y aproximadamente en la misma fecha empezó el despertamiento del arte con Giotto, seguido por una serie de grandes pintores, escultores y arquitectos. Debe recordarse que casi sin excepción los primeros pintores usaron su arte para el servicio de la iglesia. Sus obras, aun cuando ahora están en galerías y exhibiciones, se hallaban al principio en iglesias y monasterios.

Aires de Reforma

Los aires de reforma comenzaron cerca de 1170, en el sur de Francia con los albigenses, quienes hablaban de un dualismo, y exhortaban a una vida de retiro. Repudiaban la autoridad de la tradición eclesiástica, hacían circular el Nuevo Testamento y se oponían a las doctrinas romanas del purgatorio, poder sacerdotal, y adoración de imágenes. Esta “secta” se aniquiló por orden e influencia de Inocencio III.

En paralelo encontramos a los Valdenses, con Pedro Valdo, un predicador y comerciante de Lyon. Valdo estableció una orden de predicadores, “Los pobres de Lyon”, quienes predicaban por todo el sur de Francia. Se les persiguió y terminaron refugiados en Italia. Hasta el día de hoy, un pequeño grupo permanece.

Juan Wyclif empezó el movimiento en Inglaterra en favor de la libertad del poder romano y de la reforma en la iglesia. Nació en 1324 y se educó en la Universidad de Oxford, donde llegó a ser doctor de teología y líder en los consejos que se llevaban a cabo en dicha institución. Atacaba a los frailes mendicantes y al sistema del monacato. Rechazaba y se oponía a la autoridad papal en Inglaterra. Escribió en contra de la doctrina de la transubstanciación, considerando al pan y al vino como símbolos e instaba a que el servicio de la iglesia se simplificase más, según el modelo del Nuevo Testamento. Su mayor obra fue la traducción del Nuevo Testamento al inglés, terminado en 1380. El Antiguo Testamento, en el que le ayudaron algunos amigos, apareció en 1384, el año de la muerte de Wyclif. A sus seguidores se les llamó «lolardos», en un tiempo numerosos, pero los persiguieron bajo los reyes Enrique IV y Enrique V y al final los eliminaron. La predicación de Wyclif y su traducción prepararon el camino para la Reforma.

Jerónimo Savonarola, nació en 1452. Fue un monje de los dominicos en Florencia. Predicaba juicio como los profetas antiguos. El papa lo excomulgó, y terminó preso, colgado, y quemado en la plaza de Florencia en 1498, a diecinueve años del gran día de la reforma.

Caída de Constantinopla

Los historiadores fijan la caída de Constantinopla en 1453 como el punto de la división entre los tiempos medievales y modernos. El Imperio Griego nunca se recobró de la conquista de los cruzados en 1204. Sin embargo, las fuertes defensas naturales y artificiales protegieron por mucho tiempo a la ciudad en contra de los turcos que sucedieron a los árabes como poder dominante musulmán. Tomaron una provincia tras otra del gran imperio, hasta que solo quedó la ciudad de Constantinopla. En 1453, los turcos finalmente la tomaron, bajo Mohamed II. En solo un día el templo de Santa Sofía se transformó en una mezquita y Constantinopla fue hasta 1920 la ciudad de los sultanes y la capital Imperio Turco. En 1923, declararon Ankara capital de Turquía. La Iglesia Griega continúa con su patriarca, despojado de todo menos de su autoridad eclesiástica, con residencia en Constantinopla (Estambul). Así pues, con la caída de Constantinopla en 1453, termina el período de La Iglesia Medieval.

Bibliografía

  1. Hurlbut, Narro, Flower La Historia de la Iglesia Cristiana (Vida, 1952)
  2. Justo L. González Historia del Cristianismo (Unilit, 2003)