Concluiremos este “set” de lecciones recordando que la Biblia es la palabra de Dios, y que dicha palabra es perfecta para convertir el alma (Sal 19:7).

Muchas veces el estudiante de la Biblia pierde el foco de su estudio. Anhela ser informado y no transformado por las verdades de Dios. No es raro el día de hoy escuchar de un creciente interés por estudiar la Biblia pero sólo desde una perspectiva académica. Entusiastas estudiantes ponen todo su empeño en entender y tratar de resolver conflictos que proponen temas como la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre; la creación en 7 días literales; la segunda venida de Cristo y todos los eventos que la acompañan; las teorías de expiación; etc., etc. El problema está en que al considerar muchos de estos temas, sólo se pretende estar informado y llenar la mente de conocimiento para tener una opinión sobre dicho tema, tarea que siempre –si este es el foco– va acompañada de llenar el corazón de orgullo. La Biblia tiene el propósito, de al ser estudiada, hacer al lector más humilde y parecido a Cristo, y en muchos estudiantes está generando lo contrario, ¿la razón?, en algún momento del proceso de estudio se perdió el foco.

Así que, ¿cuál es el foco al acercarnos a la palabra de Dios? Responderemos que es conocer a Dios y a Jesucristo para ser transformados a su imagen. Contemplar las verdades de Dios, debe llevar al cristiano a un cambio en su vida, que se evidencia por los hechos, como adorar más a Dios, amar de forma práctica al prójimo, dejar algún pecado en particular, etc. Es impactante ver cómo hemos perdido la capacidad de asombro al acercarnos a las Escrituras, convirtiendo a Dios en un simple objeto de estudio, y aún más impactante ver, cómo muchos al leer la Biblia, no hayan en ella confrontación con su pecado personal, sino una buena lección a aprender para el hermano de al lado. Están interesados en que la Biblia transforme al resto, pero a ellos les basta solamente el conocimiento que de ésta pueden adquirir. En vez de humillar al lector, el lector termina su estudio complacido y con un aire de soberbia tremendo al entender, al menos en teoría, una verdad compleja de la palabra de Dios, quedándose con una buena respuesta a su inquietud intelectual de ¿qué dice el texto?, pues después de todo –dice– , he hecho un esfuerzo tremendo en entenderlo.

Como buenos intérpretes no podemos simplemente quedarnos –después de un arduo trabajo– solo con la respuesta a ¿qué dice el texto? En relación a este tema J.M Martínez señala:

“El mensaje de los autores sagrados iba dirigido directamente a sus contemporáneos, pero entrañaba la palabra de Dios. Y esta palabra, en la esencia de su contenido, tiene como destinatarios a los hombres de todos los tiempos. Por esto – reiteramos – no es suficiente que el intérprete se pregunte: ¿qué dijo el autor a sus coetáneos? Debe añadir: ¿qué nos dice a nosotros hoy? En la contestación debe resonar de nuevo la palabra divina con toda su fuerza iluminadora y renovadora. Todo lo que no sea esto, se reduce a un ejercicio académico estéril. No importa la pulcritud con que se haya realizado. Será un fracaso por cuanto no responde a su propósito final”.1

En este contexto, dicho propósito final es ser moldeados por la Palabra a fin de ser más parecidos a nuestro Señor Jesucristo.

En cada pasaje estudiado este debe ser nuestro foco. Como se señaló la lección anterior, después de nuestro esfuerzo hermenéutico tenemos la obligación de responder a las preguntas ¿Qué nos está diciendo Dios, el día de hoy, a través de este texto escrito mucho tiempo atrás?¿cómo debe afectar esto mi vida y mi conducta?, pues estamos deseosos de responder, como hijos obedientes, a lo que Dios nos está demandando.

Aunque por regla general, de cada pasaje, solo surgirán algunos principios teológicos relevantes para todos los cristianos de nuestros días (a menudo sólo habrá uno), existirán sin embargo numerosas posibilidades de aplicación.2 Es importante que el estudiante de la palabra de Dios procure solemnemente la aplicación de su estudio a su propia vida.

Después de estas nueve lecciones, parece tentador, empezar a acercarse a las Escrituras con un interés netamente intelectual. Queremos saber exactamente qué dijo el autor, cuándo, por qué, para quiénes, etc., etc, pero se hace menester, en medio de este entusiasmo, no perder el foco de nuestro estudio. Como se ha reiterado en varias ocasiones: Una sana hermenéutica no se trata tanto de una correcta teoría, sino de vidas santas.

 

Salmo 19

7La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma;
el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo.
8Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón;
el mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos.
9El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre;
los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos;
10deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino,
más dulces que la miel y que el destilar del panal.
11Además, tu siervo es amonestado por ellos;
en guardarlos hay gran recompensa.

¡Amén!

 

1J. M Martínez Hermenéutica Bíblica (CLIE, p.541).

2J. Duvall & J. Hays Hermenéutica: Entendiendo la Palabra de Dios (CLIE, p.41)