Continuaremos con el periodo de la Iglesia Imperial, que abarca desde el Edicto de Tolerancia de Constantino (313 d.C.) hasta la caída de Roma occidental en el 476 d.C, para  hablar de algunos eventos que vale la pena destacar.

Aparición del Monacato

Durante este periodo aparece el monacato, y si bien este movimiento tuvo su apogeo en la Edad Media, es durante este periodo que nace. En la iglesia primitiva, los cristianos vivían en familias, y participaban con la sociedad, aunque con resguardos al quehacer mundano. Estos resguardos no impidieron el ingreso de prácticas mundanas a la iglesia. Como se señaló, el cristianismo se encontraba altamente contaminado (a causa de su mezcla con el estado). Muchos aspiraban a una purificación, volviendo a los orígenes, pero como esto no se logró en las iglesias, el retiro se convirtió en una alternativa válida.

Durante el siglo IV apareció Antonio, un hombre de vida ejemplar en retiro. Su testimonio y “espiritualidad”, le hizo acreedor de muchos seguidores (los anacoretas), por lo que se le considera uno de los fundadores de la vida monástica. Vivió en una cueva en Egipto, en donde se ganó una buena reputación por su vida de humildad y sencillez. Desde Egipto el movimiento se expandió en la iglesia oriental. La expansión trajo la creación de monasterios los cuales aparecerían tanto en oriente como occidente.

Desarrollo del poder de la iglesia en Roma

Si Constantinopla iba a ser la capital del imperio, Roma sería la capital de la iglesia. El obispo de Roma, ahora será reconocido como papa, por ver a los demás obispos como sus hijos. No sólo esperaba el reconocimiento de la iglesia, sino también del imperio en cuanto a su poder y jerarquía. Esto se da debido a que la iglesia es ahora vista como un ente político mas que espiritual. La verdad es que como estaban la cosas entre la iglesia y el estado, se requería de una figura fuerte que representase a la iglesia y sus intereses. La disputa por saber quién representaría a la iglesia fue amplia, pero se simplificó al obispo o patriarca de Constantinopla, y al obispo o papa de Roma. Desde Roma se argumentó que ellos tenían la autoridad y el legado apostólico, además reclamaban que su iglesia fue fundada por Pedro y Pablo. Esto, Junto con la tradición de que Pedro habría sido el primer obispo, y por lo tanto, el primer papa (todos los demás eran sus hijos, él tenía la autoridad máxima como principal apóstol). La iglesia en Roma era admirada por muchos. Era una iglesia solidaria, de doctrina ultra ortodoxa, y que se mantenía al margen de las herejías de oriente, esto le hizo digna de admiración, y las multitudes vieron en el papa, la figura de un líder a quien estaban dispuestos a someterse, como quien se somete al emperador. Así comenzó a verse al papa de Roma como la autoridad máxima de la iglesia.

La caída del Imperio en Occidente

El imperio pasaba por un periodo de decadencia moral, política, y militar. La codicia de quienes estaban fuera de sus fronteras, continuaba siendo una amenaza por lo que en 337 d.C., las hordas de los bárbaros comenzaron a entrar por todas las partes indefensas, de esta manera conquistaron y definieron reinos que borraron, en no más de ciento cincuenta años, al imperio romano occidental. Los hunos (del interior de Asia) liderados por Atila colaboraron con los bárbaros en la conquista del imperio (450 d.C.). Ellos junto con otras tribus se convertirían en una avalancha de conquista por todo el frente occidental, reduciendo, esta parte del imperio, a un pequeño territorio alrededor de la capital. En 476 d.C. una tribu relativamente pequeña de germanos, los hérulos, bajo su Rey Odoacro, tomó posesión de Roma y destronó a Rómulo Augusto, convirtiéndose en el rey de Italia y poniendo fin a mil doscientos años de existencia, pero la iglesia en Roma continuaría.

Si bien la mayoría de las tribus invasoras eran paganas, los godos eran arrianos, de hecho, tenían la Biblia en su propio idioma. Estos fueron de tal influencia, que muchas de las tribus conquistadoras llegaron a ser cristianas, generando que con el tiempo los arrianos llegasen a ser creyentes ortodoxos. Por otro lado, el imperio oriental permanecería en pie, y junto a la figura de la iglesia en Roma, se dará inicio a una nueva etapa de la historia eclesiástica durante la edad medieval.

Líderes del periodo de la Iglesia Imperial

A continuación listo algunos líderes de la iglesia que fueron de importancia durante este periodo.

Atanasio (293-373 d.C.) fue el gran defensor de la fe en el principio del período. Hemos visto cómo se levantó contra Arrio en el Concilio de Nicea (325 d.C.). La historia nos dice que Atanasio fue el líder en la discusión aunque no tenía voto. Poco tiempo después, a los treinta y tres años de edad, fue obispo de Alejandría. Cinco veces lo desterraron, pero siempre luchó por la fe. Por último, llegó al final de su vida en paz y honor.

Ambrosio de Milán (340-397 d.C.) el primero de los padres latinos, fue electo obispo mientras era laico. En esta época aún no era bautizado, sino que estaba recibiendo instrucción para ser miembro. Tanto los arrianos como los ortodoxos se unieron en su elección. Llegó a ser una figura prominente en la iglesia. Por un acto cruel, reprendió al emperador Teodosio y lo obligó a hacer confesión. Después, el emperador lo trató con alta estimación y lo eligieron para predicar durante su funeral. Escribió muchos libros, pero su mayor honor consistió en recibir en la iglesia al poderoso Agustín.

Juan, apodado Crisóstomo «la boca de oro» debido a su elocuencia sin igual, fue el más grande predicador del período. Nació en Antioquía en 345 d.C. Llegó a ser obispo o patriarca de Constantinopla en 398 d.C. y predicó a inmensas congregaciones en la Iglesia de Santa Sofía. Sin embargo, su fidelidad, independencia, celo reformador y valor, desagradaba a la corte. Lo desterraron y murió en el destierro en 407 d.C., pero lo vindicaron después de su muerte. Su cuerpo fue llevado a Constantinopla y enterrado con honores. Fue un poderoso predicador, un estadista y un expositor muy capaz de la Biblia.

Jerónimo (340-420 d.C.) fue el más erudito de los padres latinos. Recibió en Roma una educación en literatura y oratoria, pero renunció a los honores del mundo por una vida religiosa, fuertemente matizada de ascetismo. Estableció un monasterio en Belén y vivió allí por muchos años. De sus numerosos escritos el que tuvo una influencia más extensa fue su traducción de la Biblia a la lengua latina, una obra conocida como la Vulgata, a saber, la Biblia en lenguaje común, que aún es la Biblia autorizada de la Iglesia Católica Romana.

Agustín de Hipona es el nombre más eminente de todo este período. Nació en 354 d.C. en el norte de África. Desde muy joven fue un brillante erudito, pero mundano, ambicioso y amante del placer. A los treinta y tres años llegó a ser cristiano por la influencia de su madre Mónica, la enseñanza de Ambrosio de Milán y el estudio de las epístolas de Pablo. En 395 d.C., le nombraron obispo de Hipona, en el norte de África, al empezar las invasiones de los bárbaros. Entre sus muchas obras, «La Ciudad de Dios» fue una magnífica defensa a fin de que el cristianismo ocupase el lugar del decadente imperio. Sus «Confesiones» son una profunda revelación de su propio corazón y vida. Sin embargo, su fama e influencia están en sus escritos sobre teología cristiana, de la cual fue el mejor exponente desde el tiempo de Pablo. Murió en 430 d.C.

Bibliografía 

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  2. Hurlbut, Jesse Lyman. Historia de la iglesia cristiana. Miami: Editorial Vida, 1999.
  3. Maier, Paul L, Eusebio Historia de la iglesia, Grand Rapids: Editorial Portavoz, 1999.
  4. Boer, Harry R, Historia de la iglesia primitiva, Grand Rapids: Flet, 2001.