Hablaremos de la historia de la interpretación, es decir, de qué forma el hombre se ha acercado a las Escrituras en el tiempo. Cabe destacar que al recorrer esta historia consideraremos la interpretación como tal, y no la hermenéutica como ciencia, puesto que esta nace, según algunos, en el siglo XVI d.C con Flacio Ilírico, y posteriormente sería redefinida a comienzos del siglo XIX d.C por Friedrich Schleiermacher a quien se llama el padre de la hermenéutica moderna. Él habló de la necesidad de una hermenéutica general, una teoría unificada para toda la literatura, declarando que toda hermenéutica debe compartir un método común de interpretación.

Para recorrer la historia de la interpretación, comenzaremos con el siglo I a.C, y viajaremos hasta el siglo XX d.C.

Siglos I a.C – V d.C

Si queremos ser justos, debemos partir considerando a los judíos, pues ellos son los «primeros receptores» de la Palabra de Dios. Nunca ha habido una forma única de interpretación en el judaísmo (el día de hoy tampoco la hay), y en este resumen, sólo consideraremos un par de ellas que se relacionan con el progreso de la historia de la interpretación «en nuestro mundo» (occidente).

Los judíos de Palestina daban un mayor peso específico a la ley de Moisés, y separaban entre el sentido estrictamente literal, y el práctico. A esto añadían la ley oral, es decir, las opiniones rabínicas de la época en relación a la ley escrita. El problema fue que con el correr del tiempo, la ley oral pasó a ser más importante que la ley escrita.

Un representante de este tipo de interpretación es Hillel (siglo I a.C), quien registró siete reglas de interpretación (con toda probabilidad ya existentes):

  1. Ligero y pesado

  2. Equivalencia

  3. Prototipo derivado de un versículo

  4. Prototipo derivado de varios versículos

  5. Deducciones de lo general a lo especial

  6. Paradoja de dos pasajes más un tercero

  7. Inferencia lograda del contexto

Por su parte, los judíos de Alejandría armonizarían las Escrituras con la filosofía platónica que proponía que no debía creerse nada que fuese indigno de Dios. El problema era que lo indigno era definido por el lector y no por el texto bíblico. Filón (siglo I d.C), consideró que el significado literal de un pasaje era una concesión para los débiles, y que la Escritura tenía un significado mucho más profundo. Filón dejó los siguientes principios de interpretación:

  1. Se debe rechazar el sentido literal cuando la Escritura afirme cualquier cosa indigna de Dios.

  2. Se debe rechazar el sentido literal cuando el texto implique una contradicción.

  3. Se debe rechazar el sentido literal cuando la Escritura misma alegorice.

  4. Se debe alegorizar la Escritura cuando hay expresiones dobles, repetición de hechos conocidos, sinónimos, expresiones inusuales, y anormalidades en el tiempo verbal.

La escuela de Alejandría se desarrolló, y popularizó. Para el siglo III d.C su influencia había crecido en gran manera, siendo Filón, Clemente, y Orígenes sus máximos exponentes. El atractivo que producía la aparente armonización entre la religión y la filosofía, para muchos, fue difícil de resistir. Orígenes propuso que la Biblia tenía un sentido triple, siendo estos, el literal, el moral, y el alegórico (en el que estaba el verdadero conocimiento).

Por otro lado, tenemos la escuela de Antioquía que se ve representada por dos grandes exponentes, nos referimos a Teodoro de Mopsuestia (el exégeta), y Juan Crisóstomo (la boca de oro) quienes vivieron entre los siglos IV y V d.C. Se dice que ambos avanzaron hacia una exégesis más científica buscando el sentido original de las Escrituras para su correcta aplicación. Ambos repudiaron abiertamente el método alegórico, y se dice en particular de Teodoro que defendió un método gramatical histórico de interpretación.

Durante el mismo siglo IV d.C en occidente, los padres de la iglesia: Hilario, Ambrosio, Jerónimo (riguroso exégeta y traductor de la vulgata), y Agustín abogaron por la autoridad de la iglesia y la tradición en asuntos de interpretación. Se dice de ellos que tomaron elementos tanto del método gramatical histórico como del alegórico para interpretar las Escrituras. Agustín, de quien se dice que no fue un exégeta ejemplar a causa de su ignorancia en idiomas bíblicos, vio cuatro sentidos en el texto (Sensus Plenior), que podemos subdividir en dos: El literal, y El espiritual (Alegórico, Moral, Escatológico).

Siglos V – XV d.C

En la Edad Media, la propuesta de Agustín predominó, y el Sensus Plenior fue comúnmente aceptado. Muchos llaman a este periodo un periodo de ignorancia y estancamiento. La tradición y la interpretación de la iglesia predominaron ampliamente. Las Escrituras no estaban a disposición de la gente y pasaron a ser un libro desconocido, sólo disponible para las autoridades eclesiásticas y alumnos de monasterios. La Escritura debía ser interpretada bajo la santa tradición, el testimonio de los padres, y la santa iglesia.

En el siglo XIII d.C irrumpe en escena Tomás de Aquino (El doctor angélico) quien comienza a cuestionar el Sensus Plenior a causa de su incongruencia. Si bien Tomás, en líneas generales lo utilizó, señaló enfáticamente, que cualquier cosa que se saque del texto, debe descansar en el sentido literal de éste. Para este entonces también ya habían aparecido las universidades en Europa, y junto con ellas las escuelas teológicas escolásticas, con una aproximación más racional a las Escrituras.

En el siglo XIV d.C aparece Nicolás de Lira, Teólogo franciscano, y reconocido exégeta quien rompe con el molde de su época, y si bien reconoció un sentido místico en el texto, enseñó que toda la Escritura debe entenderse en su sentido original en base al texto, y que esto debe ser la única prueba para la doctrina. Sus escritos influenciaron poderosamente a Lutero, lo que le hace aún más importante.

Durante este periodo (siglo IX d.C), en Medio Oriente, aparecieron los judíos caraítas (hijos de la lectura) quienes consideraban sólo la Escritura como norma de fe. Algunos dirán que interpretaron bajo el método gramatical histórico, incluso se les llamó los protestantes del judaísmo.

Siglo XV – Siglo XXI d.C

En el siglo XV d.C el renacimiento estaba influenciando toda Europa. Se insistió en que los teólogos debían estudiar la Biblia en los idiomas originales. Reuchlin y Erasmo, pusieron a disposición herramientas para el estudio de las Escrituras en hebreo y en griego. Poco a poco el Sensus Plenior se abandonó y se comenzó a hablar del sentido único de las Escrituras. Durante el siglo XVI d.C los reformadores entran en escena y ponen como máxima autoridad a la Palabra de Dios, desacreditando la autoridad de la tradición y la iglesia, y junto con ello inmortalizando dos principios básicos: (1) La Escritura interpreta la Escritura, y (2) Toda interpretación y enseñanza debe responder a la analogía de la fe. La interpretación, además, debe ser primeramente gramática e histórica, antes que teológica. Calvino diría que «el mayor mérito del intérprete y expositor es decir lo que el autor original dijo, y no atribuirle lo que nosotros creemos que debió decir».

Después de esto, en el siglo XVII d.C tenemos un periodo de confesiones, que tristemente, puso a la exégesis y a la interpretación al servicio de la dogmática que estas proponían. Ya no había un celo por buscar la verdad, sino un celo por confirmar una verdad asumida, buscando versículos que apoyen lo que ya se decidió creer, pues la Biblia era la autoridad. Ideas de este tipo fueron dominadas por distintas cosmovisiones de inspiración bíblica. Es particularmente en este periodo que la inspiración mecánica ganó adeptos. Este y otros factores tendrían como respuesta durante el siglo XVIII d.C, la teología liberal, y el método histórico-crítico. En el siglo de las luces, la ilustración, dominaría el pensamiento de los teólogos, buscando una respuesta «sensata» (racional) a las incógnitas y paradojas que la Biblia presentaba. Se cuestionó la inspiración plenaria y verbal de las Escrituras, se enfatizó el factor humano en su composición, se cuestionaron los milagros y la historicidad de distintos eventos, se defendió la eliminación de prejuicios, se abordó el estudio de las ciencias naturales y la historia como «jueces» de la Escritura, y la Biblia perdió en parte su lugar de privilegio. La mayoría de quienes cuestionaron la Biblia en estas distintas áreas lo hicieron en el ejercicio del método histórico-crítico (el problema no es el método sino quiénes y cómo lo usan). Es importante notar que, en líneas generales, se abogó en relación a la capacidad de la Biblia en cuanto a los temas espirituales y su poder de ser guía para el hombre en asuntos de moral.

En el siglo XIX  d.C el teólogo suizo Karl Barth, junto con otros, propondrían «La necesidad de situar nuevamente la Escritura fuera y por encima del predominio del método histórico-crítico. Devolviendo a la teología el lugar que corresponde. Esta es la razón de por qué este movimiento se llamó neortodoxia, aunque a juicio de muchos no pasa de ser una forma de neoliberalismo.»1

En el día de hoy, para siglo XXI se habla de estos distintos métodos de interpretación, una nueva hermenéutica, contextualización, etc. Si miramos la historia podemos notar que toda interpretación estuvo fuertemente sujeta a su contexto y situación histórica, es decir, surge como respuesta a su contexto inmediato. Las influencias en los pensamientos de las distintas épocas, el día de hoy, nos permiten notar la fuerte huella que dejaron en los teólogos del pasado. Por ejemplo, a Orígenes y Agustín los influenció en gran manera la filosofía platónica, a los teólogos de la Edad Media, las conclusiones de Agustín y la influencia de la iglesia católica, y a Tomás de Aquino la filosofía aristotélica. En tiempos de la Reforma influenció el renacentismo, y en tiempos posteriores la ilustración y el racionalismo, y así podemos seguir hasta nuestros días en donde el postmodernismo influencia nuestra cosmovisión junto con estos cerca de dos mil años de historia de interpretación que hemos recorrido. Es de suma importancia que el estudiante de la Biblia esté consciente de esto, como ya hemos reflexionado en lecciones anteriores.

Conocer en parte esta historia, debe hacernos conscientes de la realidad que enfrentamos, y debe permitirnos evaluar, qué método de interpretación (de ser sólo uno) a lo largo de la historia parece ser el mejor (y por qué) al momento de estudiar la Palabra de Dios. En estos días de cuestionar y relativizar todo, en donde la Escritura es mirada con cierto desdén junto con aquellos que creen absolutamente todo lo que ella enseña, se hace más necesario reflexionar en este asunto. El hombre ha cometido el error de alzarse en más de una ocasión, a través de la historia, como juez de la Palabra de Dios, y no entiende que es la Palabra de Dios la que nos juzga, y que ésta al ser leída requiere y exige fe. Señalo que si negamos la posibilidad de algo en la Biblia porque no es demostrable debemos responder a las siguientes preguntas: ¿dónde está la fe en eso?¿qué humildad hay en eso?¿quién evalúa que la Biblia es verdad?¿nosotros?¿qué autoridad tiene entonces la palabra de Dios sobre nosotros?. Quizás hoy por hoy es más necesario que nunca declarar: «La Biblia es la autoridad, y todo lo que necesitamos, el hombre debe someterse a ella y no ella al hombre».

«Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.»

[Isaías 66:2]

 

1 J.M. Martínez, Hermenéutica Bíblica (Clie, p.95)

Bibliografía

  • Louis Berkhof, Principios de Interpretación Bíblica.
  • J. M. Martínez, Hermenéutica Bíblica.