Hemos aprendido que la hermenéutica nos ayudará con la disminución de las brechas que nos separan de la audiencia original, y con poner los resguardos necesarios para disminuir al máximo los riesgos de una interpretación errónea. También, ha quedado claro que en la Biblia hay cosas difíciles de entender, pero aún así, la Biblia es perspicua y clara (Sal 119:130).

Estudiaremos con diligencia y esfuerzo las Escrituras porque así Dios lo pide (2 Tim 2:15) y porque así lo anhelamos (Sal 119:97). Con esto claro, continuaremos.

Anteriormente habíamos considerado que como lectores, estamos separados del texto bíblico por distintas brechas (de espacio, costumbres, idioma, escritura, etc). En la medida que el lector «elimine» estas brechas, entonces podrá acercarse al texto bíblico como si este hubiese sido escrito para él. Mientras más cercano al autor, cultural, lingüística, geográfica, y temporalmente estemos, “menos” necesidad de hermenéutica tendremos. A las brechas anteriormente mencionadas, debemos añadir algunas barreras puestas por el propio lector al momento de acercarse al texto bíblico. Por lo tanto, a continuación, consideraremos cinco factores que actúan como barreras en la tarea de interpretación, es decir, la hermenéutica.

1. La comprensión previa

A las brechas que nos separan del texto, debemos sumar nuestra comprensión previa (todas las ideas y experiencias que llevamos con nosotros al momento de interpretar). En hermenéutica se habla mucho del contexto, pues el contexto es fundamental. No será extraño escuchar en una clase o leer un libro de hermenéutica la expresión contexto, contexto, ¡contexto!. Y uno de los contextos que no se debe omitir es el contexto del lector, pues el lector nunca es neutral, ni puede ir sin prejuicios a un texto, y mientras más consciente esté el lector de esto, podrá hacer un mejor trabajo hermenéutico.

Me gustaría compartir en resumen, lo que Duvall y Hays señalan en relación a este tema:

“Al hablar de comprensión previa nos referimos a todas aquellas nociones y pensamientos preconcebidos que llevamos al texto y que hemos formulado consciente o inconscientemente antes de estudiarlo con detalle, incluyendo experiencias específicas y encuentros anteriores con el texto que tienden hacernos asumir que ya entendemos lo que está diciendo. En la comprensión previa afecta todo. La lectura, lo que hemos escuchado, nuestros himnos y canciones, etc. Se debe considerar que nuestra comprensión previa de un pasaje podría ser correcta, pero generalmente no lo es”. 1

2. El orgullo

Muchas veces pensamos que nuestra comprensión previa del texto es correcta. Esto es orgullo, pues como alguien dijo: “El orgullo estimula en nosotros la idea de que conocemos el sentido correcto del texto antes de que hayamos hecho el debido esfuerzo para entenderlo. El orgullo no escucha, pues ya lo sabe”. En este sentido, si ya sabemos lo que el texto dice ¿para qué estudiar?. Un buen exégeta o interprete, no sabe de orgullo.

3. Los presupuestos teológicos

Esta es otra barrera al acercarnos al texto bíblico. Buscamos en él confirmar la verdad que ya decidimos creer, buscando apoyo de nuestro edificio teológico, ignorando o considerando de poca importancia las partes que no apoyan nuestro presupuesto, pero enfatizando en sobre manera los que los apoyan. Esto es lo que algunos llaman adoctrinar al texto, y aunque sea paradójico es algo muy frecuente.

4. La familiaridad con un texto

Tenemos la tendencia a no estudiar los pasajes que nos son más familiares. Antes de profundizar en ellos ya hemos formulado grandes conclusiones en nuestra mente. Además cuestionarlos podría traer consecuencias varias, pues la mayoría los entiende de esa manera. Nuestra familiaridad con algo nos hace presumir que conocemos ese algo, y por lo general hace que ese algo se vuelva aburrido.

5. La cultura

Vivimos en una cultura influyente. La cultura que nos rodea, en la mayoría de los casos es nuestra cultura. Debemos tener cuidado con nuestra cultura al acercarnos al texto bíblico, no podemos imponer nuestra cultura al escritor bíblico del primer siglo. Es jocoso el ejemplo de Duvall y Hays en su libro, en donde señalan que nuestra teología nos debiese llevar a preguntar ¿qué haría Jesús? Pero nuestra cultura nos susurra ¿qué haría Rambo?. Jesús enseñó poner la otra mejilla, pero esto nos genera un conflicto cultural, pues Rambo nunca pondría la otra mejilla. Vivimos en un mundo cristiano evangélico, en donde la cultura a condicionado la interpretación de las Escrituras en variadas ocasiones. Imprimir nuestra cultura al texto de manera natural y no intencionada se le llama reflejo interpretativo. La Biblia tiene su fuente en Dios y Dios está por sobre cualquier cultura, no debemos imponer nuestra cultura a la Biblia, sino evaluar nuestra cultura a la luz de la Biblia.

Como se señaló, es de suma importancia que el lector que hará la tarea hermenéutica esté consciente de todas estas barreras, y de las brechas que se interponen entre él y el texto Bíblico, no hacerlo lo expondrá a una interpretación sesgada y errada. Si bien la objetividad pura es algo imposible de lograr, entendemos que Dios nos permite entender su palabra, por medio de nuestro esfuerzo, y la obra de su Espíritu en nosotros. Es en la parte de nuestro esfuerzo que debemos ser diligentes, y entender que la Biblia requiere de un proceso hermenéutico adecuado para su mejor comprensión.

Presupuestos necesarios

No nos libraremos de todo presupuesto, pues asumiremos por fe, los siguientes cuatro al momento de acercarnos a las Escrituras2:

  1. La Biblia es la Palabra de Dios. Aunque para hacérnosla llegar Dios utilizó a personas, ésta es, no obstante, inspirada por el Espíritu Santo y Palabra de Dios para nosotros.

  2. La Biblia es verdadera y completamente digna de confianza.

  3. Dios ha entrado en la historia humana; por ello lo sobrenatural en el relato (milagros, etc) existe.

  4. La Biblia no se contradice. Es una unidad y, sin embargo, diversa. No obstante, Dios trasciende más allá de nuestra humanidad y, por tanto, su Palabra no siempre es fácil de entender; en ella hay también tensión y misterio.

Para terminar, simplemente quiero señalar que no debemos olvidar que para una correcta comprensión de las Escrituras, o dicho de otro modo, para una sana hermenéutica, dos cosas son necesarias, nuestro estudio diligente de las Escrituras, y la guía del Espíritu, no podemos prescindir ni de una ni de otra. El intérprete, como he dicho en otras ocasiones, debe procurar esforzarse y no estorbar (entendiendo las barreras que él mismo pone). Por favor, volvamos a las Escrituras, dándole el lugar que se merecen, para que como dice Theo Donner la Biblia deje de ser el Bestseller que no se lee.

1Duvall & Hays, Hermenéutica, Entendiendo la Palabra de Dios (Clie, p.122)

2Duvall & Hays, Hermenéutica, Entendiendo la Palabra de Dios (Clie, p.131)