Una mirada objetiva a muchas de las iglesias evangélicas en la actualidad nos llevará a concluir que el foco de ellas durante los cultos de adoración está en el hombre y no en Dios. Es obvio que esto se debe apreciar a la luz del quehacer y no del decir. Muy probablemente si preguntamos al liderazgo de una iglesia si cree que el foco durante sus cultos de adoración está en el hombre, responderán: no. En su defecto, si preguntamos si creen que está en Dios dirán: Claro que sí. Por lo que la declaración verbal pasa a ser secundaria y subjetiva, pero hay cosas que podemos observar en las reuniones contemporáneas que dan señales de ciertas realidades, y son problemas que el predicador contemporáneo, que busque ser fiel a Dios, debe enfrentar y corregir.

Uno de ellos es el rol de entretener que asumen algunas congregaciones. Es cada vez más común escuchar que los servicios son aburridos por lo que hay que hacer algo al respecto, y ya no son sólo los niños los que no pueden aguantar un sermón de cuarenta minutos -ni hablar de una hora o más-, sino también los adultos, por lo que muchas iglesias han decidido incluir un factor de entretenimiento a sus reuniones, con musicales constantes, tiempos de sketch, avisos de toda índole -incluso comerciales-, tiempo de opinión pública -muy alejado de un testimonio que sea de edificación a la congregación-, y por último sermones jocosos y amenos. El tiempo de la lectura bíblica ha sido disminuido significativamente, y en algunas iglesias incluso se ha eliminado. La exposición de la Palabra de Dios ha sido reemplazada por atrayentes anécdotas e ilustraciones, que usan algún texto bíblico simplemente como apoyo para el argumento presentado -lo que David Helm llama la predicación ebria-, y el quehacer litúrgico está predispuesto de tal manera que la gente se sienta cómoda y contenta, lo que sin duda, en opinión de estas congregaciones, atraerá más gente, pero como dice el pastor Michelén:

“Cuando el principal criterio para medir el éxito de una iglesia son las cifras de asistencia, cualquier cosa que atraiga más gente es aceptada con los brazos abiertos. Si la herejía mató a sus miles, el pragmatismo a sus diez miles”.

Muchas congregaciones justifican su proceder por los supuestos resultados -pragmatismo, el fin justifica los medios-, nuestras iglesias se llenan dicen, y claro que lo hacen, pero debemos replicar: los cines, circos, y estadios, también. La iglesia no es un lugar de entretención, sino columna y baluarte de la verdad, y esa verdad se debe presentar por medio de la predicación. [1 Timoteo 3:15].

Otro problema, es la gran cantidad de predicadores que no predican bíblicamente, es decir, no predican la Biblia. Esto ha llevado a muchos a decir que la predicación actual está en crisis. Alfonso Ropero señala lo siguiente en relación a esto:

“Lo que está en crisis no es la predicación, en cierta medida sería bueno que fuese cierto, pues entonces tendríamos identificado el paciente y el remedio sería relativamente fácil, al menos estaría localizada y se sabría hacia dónde dirigir la atención con vistas a concentrar todos los esfuerzos para remediar la enfermedad.”

En base a esta cita, al igual que Ropero, podemos declarar que la predicación está en crisis porque los predicadores lo están. La falta de preparación, no entender el honor que merece la tarea de predicar, e ignorar el rol de la predicación en la iglesia -y junto con esto el de la iglesia-, han traído consecuencias nefastas. En los últimos años ha habido un despertar de la predicación expositiva, y gloria a Dios por esto, pero la verdad es que aún el síntoma general es la mala predicación producto de los malos predicadores, pero como bien dice el pastor Michelén:

“Los malos predicadores existen porque todavía hay mucha gente dispuesta a escucharlos”.

Muchas congregaciones están expuestas a la mala enseñanza y esto es un problema que el predicador de hoy debe enfrentar. Hay que educar a las congregaciones a distinguir entre una buena enseñanza y una mala enseñanza. Una predicación que no tiene a la Palabra de Dios como su centro y principal fuente no es y no puede ser una predicación bíblica.

Muchas veces a la tarea de predicar no se le da el honor que merece. Si los predicadores viviésemos el desafío de predicar como lo hacía el pastor Martyn Lloyd Jones, podríamos declarar al igual que él:

“Para mí, el trabajo de predicar es el más grande, y el más glorioso llamamiento al que alguien puede ser llamado jamás”.

Por lo que la labor demanda dedicación y esfuerzo, y entiende la comisión de transmitir las verdades de Dios, no modificarlas, no alterarlas, no cuestionarlas, sino transmitirlas al mundo perdido para salvación, y a los creyentes para edificación de sus almas. No son nuestras opiniones, comentarios o anécdotas, sino la Ley de Jehová la que es perfecta para convertir el alma. No es la entretención de la audiencia lo que nos debe preocupar sino el ser fieles expositores de la Palabra de Dios, después de todo, estamos ante su Presencia, presentando su Palabra, a su Pueblo, y será ante este Dios que todo predicador deberá rendir cuentas, es por esto que Pablo dice a Timoteo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra”. [2 Timoteo 4:1-2]

Como último problema quiero mencionar el cuestionamiento contemporáneo a la Palabra de Dios. Hoy por hoy muchos tratan de torcer las verdades de las Escrituras para hacer que digan lo que no dicen. También proponen que la Palabra de Dios no es suficiente para todas las necesidades espirituales del hombre, por lo que se deben complementar las verdades de Dios con otras disciplinas como por ejemplo la sicología. Otro frente de ataque en relación a esto, es que lo que se escribió en algunas secciones de la Palabra de Dios, particularmente en el Antiguo Testamento, ya no es para nosotros, recuerdo una cita del pastor Mohler que tiene relación con esta idea:

“Si usted dice ser un predicador de la palabra de Dios, y cree que todo lo que Dios habló pertenece al pasado, entonces renuncie y dedíquese a otra cosa”.

Esto es desconocer el poder y el propósito de la Palabra de Dios. Para muchos, si la predicación de la Palabra en los cultos de adoración ha sido modificada a la predicación de la Palabra más estadísticas, más sicología, más experiencias, y muchas veces cada una de estas cosas poniéndose por sobre la Palabra, es legítimo para ellos al final cuestionar qué tan verdadera o útil sea la Palabra de Dios. Después de todo, el predicador está dejando ver en su predicación que la Palabra de Dios no es tan importante y es incluso en algunos casos relativa. Esto es una deshonra tremenda a la Palabra de Dios y junto con ella a la tarea de predicación.

Los tres problemas mencionados anteriormente dejan ver que las congregaciones que tienen algunas o todas estas prácticas,  son congregaciones que no están desarrollando un ministerio teocéntrico sino homocéntrino, el foco de sus cultos está en el hombre y no en Dios, evidenciando también un desprecio por su Palabra. Es poner la mirada en lo terrenal lo que hace ver a la iglesia como un lugar de entretención -sin mencionar que es evidencia plausible de que aquella congregación no entiende bíblicamente su propósito-, es buscar hacer sentir cómodos a los cabritos el quitarle el lugar de preeminencia a la Palabra de Dios durante un servicio de adoración, reemplazando ésta por una breve charla basada en una interesante experiencia que hace morir de hambre a las ovejas. Pensar que la Palabra de Dios no es suficiente para las necesidades espirituales del hombre, incluso que en algunos aspectos “está pasada de moda”, es sin duda quitarle toda gloria al Dios que nos hizo, poniéndonos como jueces de su Palabra, y sugiriendo que nosotros tenemos algo mejor que ofrecer. A estos problemas nos enfrentaremos en el mundo de hoy si queremos ser fieles predicadores de la Palabra de Dios. Lo impactante es que son problemas que encontramos dentro de las iglesias, muchas de las cuales no quieren oír la preciosa Palabra de Dios por medio de la predicación bíblica, sino que con comezón de oír amontonan maestros de acuerdo a sus concupiscencias. [2 Timoteo 4:3]

“El Señor nos ayude”

Bibliografía

  1. Martyn Lloyd Jones, La predicación y los predicadores.
  2. Alfonso Ropero, Homilética Bíblica.
  3. Sugel Michelén, De parte de Dios y Delante de Dios.
  4. David Helm, La Predicación Expositiva.
  5. Haddon Robinson, La Predicación Bíblica.
  6. Albert Mohler, Proclame la Verdad.