En el siglo III, con los bárbaros asechando el imperio romano, muchos gobernantes compitieron por el poder. Constantino se alzaría sobre otros unificando el imperio. En el año 296 d.C el emperador Diocleciano trató de resolver los problemas a los que se enfrentaba el imperio, impulsando una reforma en el sistema de fronteras. Para esto, creó un ejercito móvil cuyo propósito era proteger las fronteras. Uno de sus mejores soldados era un tal Constantino, quien con diecisiete años empezó a distinguir en el ejército romano. Diocleciano puso sus ojos en Constantino para protección personal y para proyectarlo como líder.

Diocleciano también dividió el imperio en cuatro y puso gobernantes en cada sector: (1)Illiricum, (2)Italia, (3)Galia, y (4)Nicodemia en Asia menor, donde él gobernaba. El imperio al tener “coemperadores” suponía un constante riesgo de rebelión en contra de Diocleciano. Para poner garantías, Diocleciano tenía en su corte a los hijos de los otros emperadores, entre ellos Constantino quien recibió un rígido entrenamiento militar.

Diocleciano generó instructivos mediante edictos para controlar al pueblo en todo, e incitaba que todo el mundo en su corte ofreciese sacrificio al emperador, pues se sentía deudor de los dioses por la unidad del imperio. El problema fue que el cristianismo estaba creciendo, y los seguidores de Cristo se multiplicaban a lo largo de todo el imperio. Diocleciano vio en el cristianismo una amenaza para Roma, pues él veía que la estabilidad del imperio descansaba en la religión de éste, el culto al emperador.

Ahora bien, los cristianos eran una gran multitud, en el ejército y en la corte imperial tenía adeptos. Diocleciano solicitó que todos los soldados del imperio, ofrecieran sacrificio al emperador, muchos cristianos se negaron a esta solicitud, y Diocleciano pensó que los cristianos en el ejército podrían volverse en su contra. La solución a su inquietud no se hizo esperar, y la muerte llegó para los rebeldes que no se sometieron a la solicitud.

Constantino presenciaba esto comúnmente, y vez tras vez vio cómo cristianos era asesinados sin piedad. En el año 303 d.C Diocleciano emitió un edicto conocido como La gran persecución. A causa del edicto se desataron crueles medidas en contra de los cristianos, que terminaban en torturas, y asesinatos.

La gran persecución marcó el inicio de la era de los mártires, y cualquier cristiano que proclamara públicamente su fe, moriría. Se podría decir que este fue el punto máximo de erradicación del cristianismo, con esto queremos decir, que Diocleciano casi logra eliminar a los seguidores de Jesús.

Constantino trataba bien a Diocleciano, pero cuando Diocleciano enfermó, no consideró a Constantino como un posible sucesor porque lo vio como una amenaza. Al notar las reservas que Diocleciano tenía para con él, Constantino escapó de un enfermo y disminuido emperador, y partió de Nicodemia a Galia para reunirse con su padre quien allí gobernaba. Hacia el año 205 d.C el padre de Constantino, el emperador Constancio, era viejo y estaba enfermo. Constantino sintió afinidad con su padre, pues era un hombre mucho más tolerante que Diocleciano, y lo había demostrado ignorando varias de las órdenes en contra de los cristianos, mostrándose así, un gobernante mucho más compasivo.

Constancio vio en su hijo Constantino un candidato al trono imperial. Constancio como uno de los cuatro emperadores, decidió liderar una rebelión junto a Constantino, pero primero tuvieron que vencer a los bárbaros en batalla. Que un emperador enfermo fuera a combatir es una muestra de la seriedad con la que los romanos tomaban la batalla. Constantino dirigió las legiones de su padre y buscó asegurar la lealtad de los soldados que lideraba. Con su destreza militar se ganó la confianza de sus tropas, pero su padre no logró sobrevivir a la enfermedad que le asediaba. El ejército no dudó, y proclamó emperador de Galia a Constantino a quien conocían y respetaban.

En un imperio en donde la muerte de un gobernante producía por lo general golpes de estado, Constantino asume en paz el trono. En el año 306 d.C los francos atacaron Galia y Constantino, ahora como emperador, sale a luchar derrotando a los francos. Se suponía que el emperador debía estar personalmente en el ejército, y Constantino lo hacía siendo un táctico capaz e inteligente. Muchos hablan de él como un genio militar. Los caudillos francos capturados fueron usados para ganar la confianza del pueblo. Constantino los hizo marchar en la ciudad para que la ciudad supiese que él mandaba, y quien a él se rebelase padecería las consecuencias. Después de esto, los bárbaros francos fueron arrojados a las fieras, y Constantino dio una clara señal de autoridad y poder.

Durante este mismo año Majencio se había proclamado emperador de Italia, y ganó apoyo dando trigo gratis al pueblo de Roma. A diferencia de Constantino, la reivindicación de Majencio, no era legítima, pues había asesinado y capturado al regente de Roma. Era un mentiroso conspirador, y la gente al saberlo, se reveló en su contra. Majencio no fue un gobernante popular, se caracterizó por no cumplir sus promesas. Las clases oprimidas de Roma ofrecieron una oportunidad a Constantino, este se fue de Galia a Milán para hacer tratos con otro coemperador y consolidar el poder, nos referimos a Licinio. Licinio se casaría con la hermanastra de Constantino y dejarían todo el poder en familia. Constantino, siendo ambicioso e inteligente, siempre hizo uso de lo que tenía a disposición para aumentar su poder. Junto a Licinio engañaron a sus coemperadores en oriente haciéndoles creer que sólo querían deponer a Majencio a quien acusaron de tirano. Constantino y Licinio pactaron que una vez que Roma estuviese asegurada bajo el poder de ellos, se repartirían todo el imperio. Constantino marchó a Roma y la sitió. Majencio que era un pagano devoto, basó su estrategia en base a las recomendaciones de su sacerdote, su oráculo personal. Majencio buscó consejo en profecías sibilinas, estos eran libros guardados por sacerdotes investigadores. El oráculo dijo que el enemigo de Roma moriría. Majencio salió a pelar, gozoso pensando que el enemigo de Roma era Constantino. Constantino tenía legiones inferiores numéricamente, y pidió en su ejercito que se rezara a los dioses por la victoria. En esta acción, alrededor del medio día, Constantino vio una cruz luminosa en los cielos y una inscripción con las letras griegas χ y ρ (primeras dos letras de Cristo), y oyó una voz que decía “por esta señal vencerás”. Se supone que Constantino adoptó a este dios como su dios, un dios rechazado por le imperio que desde ahora sería símbolo de poder divino y victoria. Constantino revolucionó las creencias. El transformó la batalla con Majencio en una batalla de dioses, el dios verdadero vencería. Fue así que Constantino salió al encuentro de Majencio en el Tiber, una barrera natural, pero a pesar de ser superados en número, iniciaron la batalla en el puente Milvio, y el ejército de Majencio se vio empujado al río por Constantino y sus tropas. En las orillas del Tiber quedó sellada la suerte de Majencio. Constantino presionó y desmoronó las legiones de Majencio, y éste huyó cruzando a nado el río para llegar a Roma, pero a causa de su pesada armadura se ahogó. El régimen de Majencio el usurpador había caído.

Constantino consiguió el control de medio imperio, particularmente de Italia. La victoria fue un hito que marcó a su enemigos. Constantino paseó la cabeza de Majencio por Roma en señal de autoridad, victoria, y poder. Además señaló que el dios de los cristianos era más poderoso que el dios de sus enemigos. Todo el imperio occidental fue para Constantino y dejó oriente para Licinio. Ambos, se encontraron en Milán donde sellaron la alianza con la boda entre Licinio y Constancia (hermanastra de Constantino). Este matrimonio señaló el inicio de una política común, tanto por parte de Constantino como de Licinio. Todos estos sucesos llevaron a que se adoptara el cristianismo como tolerable en todo el imperio. Estuvieron de acuerdo en detener las persecuciones a los cristianos, pero las alianzas fruto de la ambición no son fáciles de mantener, por no decir que son imposibles. Para Constantino el único coemperador en ejercicio ahora era su único enemigo a eliminar. Constantino manifestó gratitud por la victoria, y otorgó libertad de culto a los cristianos, la fe cristiana era ahora “compartida” por el emperador. Constantino abrazó a la iglesia cristiana y se supone que siguió su doctrina, no sólo toleró a a la nueva iglesia, sino que también la favoreció.

En el año 313 d.C Constantino y Licinio redactaron el edicto de Milán garantizando libertad de culto para que eligiesen la religión que quisieren, y declaró que sea cual sea la divinidad en el cielo, «nos sea favorable».

Con el pasar del tiempo Licinio también empezó a anhelar el poder absoluto. Constantino no confiaba en él y la tensión entre ambos fue en aumento. Después de nueve años de compartir el poder decidieron apropiarse de él totalmente, lo que llevó al imperio a una guerra civil. Los cristianos empezaron a ser perseguidos por Licinio, y el motivo era simple, si Constantino los defendía, entonces Licinio los atacaba pues sabía que eran leales a él. Todo esto llevó a que la alianza entre Licinio y Constantino desapareciera. Para Constantino la persecución de Licinio hacia los cristianos fue la escusa perfecta para atacar, y decidió comenzar enviando sus legiones a oriente. Como era de esperar, Constantino lo atacó inteligentemente, y sus tropas hicieron retroceder a Licinio. Constantino y su hijo Crispo persiguieron a Licinio y en el año 324 d.C llegaría su muerte. Crispo también era un genio bélico. Muchos dicen que heredó la audacia de su padre para la guerra. Ambos, aniquilaron el ejército de Licinio, y la batalla en Crisópoli terminó pronto. La confianza que Licinio tenía en sí mismo era mínima. Constantino ahora era el único dirigente del imperio. Según Eusebio de Cesarea “las regiones orientales y occidentales se unieron bajo el nuevo emperador”. Licinio se enfrentó a un castigo brutal, y el amor que Constancia le tenía impidió que Constantino lo matase inmediatamente, enviándolo al exilio para que lo ejecutaran. Constantino no mostraba clemencia ni con los miembros de su familia. Ahora como emperador quiso que su hijo Crispo le ayudara en calidad de emperador de occidente.

Como coemperador Crispo compartió los planes de fundar una nueva capital en Bizancio, una capital cristiana. Constantino escogió un lugar estratégico que no tuviera ni tradición ritual, ni renombre, para que pudiera ser un capital cristiana. Pero vinieron problemas con Fausta (su segunda mujer), y Crispo (hijo de su primera mujer), pues Crispo como heredero al trono de Constantino se interponía en el camino de Fausta y sus descendientes. Fausta estaba decidida a asegurar mas poder para sus hijos.

La unificación se vio amenazada por las diferencias que surgieron en la iglesia cristiana. Hubo un problema sobre la naturaleza de Cristo y los obispos de oriente y occidente. Se generó una violencia excesiva entre ambos bandos. Desesperado Constantino exigió que los altos mandos de la iglesia, es decir, los obispos, pusieran fin a la disputa. Fue por esto que trescientos obispos se pusieron de acuerdo para llegar a un consenso en las creencias cristianas básicas, este consenso se llevó a cabo en el famoso concilio en Nicea (323 d.C). En las definiciones adoptadas por el concilio no todos estuvieron de acuerdo, y los que creían distinto disputaban con los cristianos rivales. Estas tensiones generaron problemas constantes en la ahora, religión oficial del imperio.

En el año 326 d.C Fausta levantó una calumnia contra Crispo. Existía una rivalidad entre Crispo y sus tres hermanastros. Fausta afirmó que Crispo había tratado de seducirla, y las consecuencias no se hicieron esperar para Crispo. Constantino no supo ver que fue su mujer, y no su hijo Crispo, quien lo traicionó por lo que ordenó la ejecución de Crispo. Crispo insistió en su inocencia, y hubo alguien que abogó por él en la corte de Constantino, su madre, Elena, quien le dijo a Constantino que considerara que quizás su esposa Fausta lo había inventado todo, conspirando contra Crispo y contra él. Constantino se dio cuenta de que todo fue un engaño, pero demasiado tarde, pues los guardias ya habían decidido ejecutar a Crispo. Este hecho fue clave, ya que sobre la conciencia de Constantino cayó una pesada carga de culpa, de todos modos Constantino mandó a asesinar Fausta a modo de venganza. Para aplacar su conciencia, Constantino se la pasó construyendo iglesias en favor de los cristianos. Se hizo una iglesia dedicada a San Pedro donde se creía que había muerto, levantando una gigantesca obra de arquitectura.

Constantino confiaba en que su devoción al cristianismo borraría sus pecados al final de sus días. Él sabía que la muerte andaba cerca, viejo y enfermo solicitó el bautismo en el año 337 d.C, y se dice que quiso retrasarlo hasta el final de sus días a causa de su vida sucia y manchada de sangre. Él quería revindicarse, y quizás influyó en él la enseñanza de Hermas, entre otros. Hacia el final de sus días Constantino se convirtió en un visionario, que quería vivir como clérigo y no como emperador. Se dice por sus escritos, que encontró la paz en la fe: “se que he sido bendecido, y soy merecedor de la vida inmortal, pues he recibido la luz divina”. En el mes de Mayo del año 337 d.C Constantino murió.

Constantino tuvo éxito como emperador y jefe militar. Su ambición de poder lo llevó a triunfar y a convertirse en emperador de Roma. Durante su vida trató de mantener unificado el imperio sirviéndose del cristianismo para lograrlo, pero Roma estaba destinada a caer.1

1 Transcripción y complementación del documental El Imperio Romano, Constantino el Grande.