La pregunta a por qué estudiar la Biblia, por lo general, tiene la respuesta común –pero no por esto menos cierta– «porque la Biblia es la Palabra de Dios», y sin pretender dar una respuesta mucho más elaborada que esta, sería bueno explicar lo que esta frase significa.

Tenemos la tendencia a considerar importante un registro escrito dependiendo de su tema, y de su autor. Si el tema nos parece importante lo leemos, y si nos parece importante y su autor tiene credenciales de peso como conocedor del tema, lo leemos e incluso lo estudiamos con mayor interés. Así que, pensar en que Dios es el autor de un libro, debiese llevarnos a considerar que lo que Dios escribió es importante, y siendo Dios, es perfecto conocedor de todas las cosas, por lo que su libro debiese ser perfecto y digno de lectura y estudio.

Dios nos dejó su Palabra a nosotros para que estudiándola le conociésemos a Él, y a su Hijo Jesucristo, y sin duda esto es de beneficio eterno para el hombre [Jn 17:3], pues el hombre, en su condición natural, se encuentra enemistado con Dios [Rom 3:23], bajo la ira de Dios, y a la espera del Juicio de Dios a causa de su pecado [Rom 2:5]. Pero ante esta realidad, el evangelio, la buena noticia acerca de Jesucristo, nos llega por medio de la Palabra de Dios para traer esperanza y salvación al hombre natural que cree en el evangelio, y deposita su fe en Jesucristo [Ef 2:1 – 2 Cor 5:19]. La antigua confesión de fe de Westminster dice: «El consejo completo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, fe y vida del hombre, está expresamente expuesto en las Escrituras, o se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia, y, a esta revelación de su voluntad, nada ha de añadirse, ni por nuevas relaciones del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres».

La misma Biblia dice de sí misma ser la Palabra de Dios, y da a conocer los beneficios y bendiciones que el hombre obtiene de su estudio. Sólo por dar un ejemplo de muchos, el Salmo 19 dice que «la ley del Señor es perfecta que convierte el alma. El testimonio del Señor es fiel que hace sabio al sencillo. Los mandamientos del Señor son rectos que alegran el corazón. El precepto del Señor es puro que alumbra los ojos». Ahora bien, si la Biblia dice ser la Palabra de Dios, ¿no es eso un argumento circular, y por lo tanto subjetivo?. La respuesta es sí, pero lejos de ser un argumento sencillo o infantil es un argumento de peso y serio, pues Dios invita al lector a poner a pruebas sus palabras para reconocer que la Biblia es digna de confianza. Después de todo, ¿no sería fácil desacreditar la gran pretensión que tiene la Biblia de llamarse a sí misma la Palabra de Dios?¿por qué hacer una declaración tan pretenciosa, que podría generar la evaluación de miles de millones de personas a lo largo de la historia, si no es cierta?

No puede negarse que la Biblia, en su conjunto y en gran número de sus textos, presupone su origen divino es decir, se señala a sí misma como divina o de origen divino cuya fuente es Dios, la peculiaridad de que, esencialmente, recoge el mensaje de Dios dirigido a los hombres de modos diversos y en diferentes épocas.1

La biblia se diferencia de las demás literaturas religiosas en que se lo juega todo en la pretensión de que Dios se reveló realmente en unos acontecimientos concretos, documentados, y públicos. A menos que tomemos esta pretensión en serio, la Biblia apenas si tiene sentido, por grande que sea el estímulo espiritual que nos procuren sus pasajes selectos.2

Como cristianos reconocemos que la mayoría de nosotros aceptamos al momento de la conversión la Biblia como la Palabra de Dios. No es la experiencia común, de alguien que nace de nuevo, llegar a convertirse a la fe en Jesucristo porque se le dio un sin número de argumentos que le demostraron convincentemente que la Biblia es la Palabra de Dios, y que por lo tanto debe ser creída (aunque hay creyentes cuya experiencia es esta). Tampoco creyeron, como dice Rob Haskell, porque alguien le dijo, ¡la Biblia es la palabra de Dios, debes creerla!3. Esto nos prueba que la Biblia es un libro que requiere de fe. La obra de Dios en el creyente, le permite entender y obedecer la Palabra de Dios, y produce también en el creyente el deseo de escudriñar las Escrituras para conocer al Dios de las Escrituras, y al Señor Jesucristo revelado en las Escrituras.

La vida del creyente debe ser una vida de estudio y obediencia a la Palabra de Dios, pues nos interesa lo que Dios nos quiere comunicar, lo creemos importante, pues nos enseña sobre Él mismo y su Hijo Jesucristo, y conociéndole a él, es que nos damos cuenta de quién realmente somos y lo perdidos y necesitados de Dios que estamos. Es en esta vida de estudio y obediencia que Dios nos va transformando a la imagen de su Hijo Jesucristo.

Si bien, mucho de lo que la Biblia enseña es de fácil comprensión (lo que muchos llaman la perspicuidad de las Escrituras), hay cosas que no son tan fáciles de entender. Si como creyentes queremos honrar a Dios al estudiar su palabra, debemos considerar hacer esta tarea cuidadosamente, y con reverencia y es por esto que como creyentes debemos hacer uso de una correcta hermenéutica (considérese 2 Ped 3:15-16).

En base a todo lo anterior, respondo a la pregunta ¿por qué estudiar la Biblia? con la respuesta, porque es la Palabra de Dios, en donde Dios se nos revela a través de la historia, enseñándonos todo lo que necesitamos para la salvación, y transformación de nuestras almas, todo lo anterior por medio de la persona de Jesucristo. Y si la pretensión es cierta, estamos ante un libro que es la palabra de Dios, y refleja los pensamientos de Dios, comunicando quién es Él, y quién es el hombre, y lo que el hombre como criatura de Dios debe hacer. Como la biblia es un mensaje personal a todos los hombres, debe estudiarse con el objeto de encontrar su aplicación práctica a la vida de quien la estudia. Puesto que Dios nos ha prometido la ayuda del Espíritu Santo, la Biblia debe estudiarse con la oración del salmista: “abre mis ojos para que vea las maravillas de tu ley.”4

El hecho de que la Biblia es la palabra de Dios exige que la estudiemos con cuidado y reverencia, es allí donde radica la importancia de la hermenéutica, y los principios asociados a ésta que hemos de utilizar para entender correctamente lo que la Biblia enseña, y así poder aplicar correctamente a nuestras vidas lo que está escrito. Hagamos uso del privilegio que recuperaron los reformadores trayendo de vuelta la biblia a las personas e invitando a todos a interpretarla y obedecerla.

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma.

[Salmo 19:7]

1J. M. Martinez, Hermenéutica Bíblica (Clie, p.40).

2Charles H. Dodd, La Biblia y el hombre de hoy (Ediciones Cristiandad, p.169).

3Rob Haskell, Hermenéutica, Interpretación eficáz hoy (Clie, p.17).

4A.R Miles, Introducción popular a las Sagradas Escrituras (Sociedad Americana de Tratados, p.19).